Opinión: Toxos e froles

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A nova musical máis actual e mesmo 'Ma non troppo'
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24 Jan 2026

Por Julia Mª Dopico Vale e Piñeiro

“Ni rositas blancas ni claveles rojos. Yo venero las florecillas de los tojos… ¡Oh! ¡Del yermo el preciado tesoro! Las florecillas de los tojos son de oro!”… Así cantaba el “Poeta de la Montaña”, D. Antonio Noriega Varela, a las flores de los tojos, vibrantes y amarillas como soles espinosos que iluminan las tierras de Galicia. Florecillas de oro también en la Aureana do Sil de Mompou y Cabanillas: “si quieres oro fino, aureana del Sil, abre mi corazón, has de encontrarlo allí”… Y es que en el corazón de todos es donde vive la música de Galicia, en el acervo cultural del pueblo, en nuestra memoria colectiva que, generación tras generación, se transmite y se cultiva espontáneamente, como una plegaria hermanada que adquiere una fuerza indestructible al ser pronunciada.

En Ferrol hay tojos, sí, pero también hay flores, adornadas con la corona que la histórica agrupación, el Real Coro Toxos e Froles, recibió de Alfonso XIII, distinguiendo así al más antiguo de los coros de Galicia, nacido en el Rexurdimento, tras la ley de “castra y doma” impuesta por los Reyes de Castilla e impulsado también por las Irmandades da Fala, fundadas en A Coruña por Antón Villar Ponte, con el fin de recuperar, reivindicar y poner en valor el idioma y la cultura —también musical y literaria— de Galicia, extendiéndose después su labor por Madrid y América (Cuba y Argentina).

El Coro Toxos e Froles de Ferrol está a la cabeza de estas legendarias agrupaciones, a las que suceden Cántigas da Terra de A Coruña, Coral de Ruada de Ourense y Cantigas e Agarimos de Compostela. Todas ellas, piezas clave en la recuperación, conservación y difusión de nuestra cultura gallega, siendo el Toxos uno de sus grandes embajadores a lo largo de toda su historia.

Hoy, sábado 24 de enero de 2026, el Real Coro Toxos e Froles celebró sus 111 años de historia. Dice la leyenda que fue Dios quien puso las flores en los tojos y el diablo, por fastidiar, las espinas. Parece ser que así se fabrica el amor, como en las rosas. Un amor que comparto desde estas letras de profundo reconocimiento a los tojos y a las chorimas del queridísimo Ferrol.

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