La educación de la comarca alza la voz

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El deterioro de los centros educativos reabre el debate sobre la necesidad de reformas integrales frente a las pequeñas reparaciones, en una comarca donde varios colegios reclaman actuaciones para adaptar unas instalaciones con décadas de uso
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11 Aug 2026

Por Ana Somoza

El CEIP Vista Alegre de Burela lleva años reclamando una actuación que vaya más allá de las reparaciones puntuales. La comunidad educativa considera que el estado actual del edificio requiere una intervención integral y, ante la falta de una respuesta definitiva, ha decidido impulsar movilizaciones para visibilizar una situación que, según la presidenta de la ANPA, Sara Calvo, “lleva demasiado tiempo expresándose a través del diálogo, de los escritos y de las reuniones”.

La responsable de la asociación explica que tanto la ANPA como la dirección del centro trabajaron durante años por la vía institucional, elaborando informes y trasladando a la Administración una relación detallada de las deficiencias existentes. “Presentamos escritos, elaboramos una memoria acompañada de fotografías y de la normativa que justifica nuestras demandas”, señala. Sin embargo, ante la ausencia de una solución global, el Consejo Escolar decidió dar un paso adelante para defender “el derecho del alumnado a estudiar en unas instalaciones dignas, seguras y adaptadas a las necesidades educativas actuales”.

DEFICIENCIAS

Según Sara Calvo, el principal problema es que el centro “ya no necesita pequeños arreglos, sino una rehabilitación integral”. El edificio, con más de cuatro décadas de antigüedad, acumula diferentes problemas que afectan al día a día del alumnado y del profesorado.

Entre las cuestiones más destacadas se encuentran las humedades y filtraciones, el deterioro de los baños, las ventanas y persianas dañadas, una instalación eléctrica antigua, problemas de accesibilidad, grietas, pavimentos deteriorados y una pista deportiva sin cubrir. Esta última circunstancia provoca, especialmente en los días de lluvia, que muchos recreos tengan que desarrollarse dentro de las aulas.

Pero la preocupación de la comunidad educativa va más allá del desgaste propio de un edificio antiguo. Calvo incide especialmente en los aspectos relacionados con la seguridad y la accesibilidad. “Un colegio debe ser un espacio seguro”, afirma, recordando que el edificio principal cuenta con tres plantas y no dispone de un ascensor operativo que permita garantizar la movilidad de todas las personas que forman parte de la comunidad educativa.

También reclama revisar el Plan de Autoprotección del centro y garantizar que las instalaciones cumplen las condiciones necesarias para una correcta evacuación. A su juicio, estas cuestiones “no pueden depender de soluciones temporales o de pequeños arreglos”.

APOYO

Las movilizaciones realizadas durante las últimas semanas recibieron, según la presidenta de la ANPA, una respuesta muy positiva por parte de la vecindad y de la comunidad educativa. “El Vista Alegre es mucho más que un edificio, es una gran familia”, destaca.

Sara Calvo asegura que han sentido el apoyo de las familias, del profesorado, del equipo directivo, de antiguos alumnos, de abuelos y abuelas y de muchas personas que, aun sin acudir a las concentraciones, les trasladaron su solidaridad. “Hay días difíciles, pero saber que no estamos solos nos da fuerza para seguir luchando”, explica.

La presidenta de la ANPA también vive esta situación desde una perspectiva personal, ya que fue alumna del centro cuando acababa de inaugurarse. Recuerda aquel momento como el de un colegio nuevo y moderno, por lo que reconoce que le produce “tristeza y preocupación” comprobar que el mismo edificio no ha recibido con el paso de los años las intervenciones necesarias. “No es nostalgia, es ver que este colegio nos dio mucho y ahora necesita que le devolvamos cuidado y respeto”, señala.

REFORMA

La petición de la comunidad educativa es clara: una rehabilitación integral que permita adaptar el centro a las necesidades actuales. Sara Calvo explica que durante años se realizaron actuaciones concretas para solucionar problemas urgentes, pero considera que “no resuelven el problema de fondo”.

La situación empeoró, según relata, tras conocerse el rechazo en el Parlamento de una propuesta para impulsar la reforma. “Recibimos esa noticia con mucha decepción y tristeza, porque los problemas siguen estando ahí cada día”, afirma.

Con todo, asegura que esa decisión no frenará la reivindicación. Las familias, dice, continúan unidas y convencidas de que la demanda es justa. “Hay preocupación y enfado, pero sobre todo unión”, explica, destacando que ese respaldo ha reforzado la voluntad de continuar.

COMPROMISO

Desde la ANPA reconocen algunas actuaciones realizadas por la Administración, como la sustitución de luminarias en el edificio número dos o la reparación de canalones deteriorados. También mencionan el cambio previsto de cinco ventanas en el comedor y en el aula de Pedagogía Terapéutica.

Sin embargo, consideran que estas medidas son insuficientes. “Necesitamos una hoja de ruta real, con planificación, plazos y una intervención global”, reclama Calvo. También cuestiona que problemas como las humedades estén completamente solucionados, ya que asegura que “el agua sigue saliendo por el mismo sitio”. Su petición a la Consellería de Educación es que visite el centro y compruebe directamente la situación. “Que vean con sus propios ojos el estado real del colegio y que escuchen al profesorado, al equipo directivo y a las familias”, solicita.

FUTURO

La llegada del verano ha supuesto una pausa en las concentraciones, pero no en la reivindicación. La ANPA continuará manteniendo reuniones, buscando apoyos y preparando nuevas acciones para el inicio del curso. “El verano es simplemente una pausa en las movilizaciones, no en nuestro compromiso”, resume.

Pese a las dificultades, Sara Calvo insiste en destacar los valores del CEIP Vista Alegre: un centro con profesorado implicado, familias participativas y alumnado que mantiene viva la actividad educativa. Precisamente por ello considera necesario actuar cuanto antes. “Cada año que pasa sin una intervención real hace que los problemas se agraven”, advierte. Pero más allá del coste económico, destaca una consecuencia que considera más importante: “el tiempo”. “Los cursos pasan, los niños y niñas crecen y la infancia no espera”, concluye.

La presidenta de la ANPA recuerda además que la reivindicación no pretende cuestionar el valor del trabajo que se realiza cada día en el centro, sino reclamar unas condiciones acordes con la importancia de la labor educativa. “Tenemos un profesorado maravilloso, un equipo directivo implicado y unas familias que participan y se preocupan”, destaca. Precisamente por esa implicación de la comunidad educativa, considera que el colegio merece contar con unas instalaciones a la altura del proyecto que desarrolla. Para Sara Calvo, invertir en el Vista Alegre es también invertir en el futuro de Burela y garantizar que las nuevas generaciones puedan crecer en un espacio seguro, accesible y preparado para los retos educativos actuales.

La comunidad educativa espera ahora que la movilización permita abrir una nueva etapa de diálogo y que se traduzca en un compromiso concreto: un proyecto definido, un calendario y una partida económica que permitan que el Vista Alegre disponga de las instalaciones que, según defienden las familias, merece.

OTROS CENTROS

La situación del CEIP Vista Alegre de Burela no es un caso aislado en A Mariña lucense. Otros centros educativos de la comarca llevan años trasladando a las administraciones problemas relacionados con el estado de los edificios, la accesibilidad y la necesidad de actuaciones que vayan más allá de las reparaciones puntuales.

En el CEIP O Vicedo, la principal preocupación se centra en el estado de las ventanas de los edificios más antiguos, mientras que en A Pontenova el Ayuntamiento reclama una actuación integral para renovar un colegio que acumula medio siglo de funcionamiento sin reformas estructurales de importancia.

Desde el CEIP O Vicedo explican que las ventanas constituyen actualmente la mayor carencia del centro. Algunas se encuentran deterioradas y permiten la entrada de agua en varias aulas, provocando problemas de humedades. A pesar de las actuaciones realizadas en el interior de las instalaciones, como trabajos de pintura, la situación vuelve a repetirse porque los cerramientos actuales no ofrecen un aislamiento adecuado.

El centro recuerda que los dos edificios afectados tienen alrededor de cien años y presentan importantes diferencias respecto a la parte más moderna del colegio, donde las ventanas ya fueron renovadas. Esta circunstancia provoca contrastes de temperatura entre los distintos espacios y dificulta el confort del alumnado y del profesorado. Desde el colegio consideran que la sustitución de las ventanas debería ser una actuación prioritaria, ya que permitiría mejorar tanto las condiciones de las aulas como la conservación del propio edificio.

La comunidad educativa señala que no se trata de una intervención puntual para cambiar algunas unidades dañadas, sino de un problema estructural que requiere una solución global. A su juicio, mantener las actuales ventanas antiguas seguirá generando humedades y otras dificultades en el funcionamiento diario del centro.

Por su parte, el alcalde de A Pontenova también ha mostrado su preocupación por el estado del CEIP del municipio y por la falta, hasta el momento, de un proyecto definido para acometer una reforma de mayor alcance. El regidor explicó que trasladó esta necesidad a la Xunta durante la visita del delegado territorial y defendió que el colegio necesita algo más que pequeñas mejoras.

Según indicó, se trata de un edificio con 50 años de antigüedad que requiere una reforma integral para adaptarse a las necesidades actuales. Desde la Administración autonómica se señaló la dificultad de ejecutar este año una actuación de gran dimensión, aunque existiría el compromiso de realizar intervenciones concretas, como la mejora de los baños, aseos y algunas ventanas.

El alcalde considera insuficientes estas actuaciones aisladas e insiste en que el centro precisa una renovación profunda que permita garantizar su funcionamiento durante las próximas décadas. Además, recuerda la fuerte vinculación emocional de la vecindad con el edificio, por cuyas aulas han pasado varias generaciones sin que se hayan acometido cambios estructurales relevantes.

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