Jansu-Ujeong, el taekwondo de Viveiro que transforma vidas

GaliciaXa | AMariñaXa
Entre tatamis, poomsaes y horas de voluntariado, Jansu-Ujeong se ha consolidado como una gran familia que ayuda a transformar vidas a través del deporte
jansu
16 Aug 2026

Por Ana Somoza

Cuando se habla de Jansu-Ujeong en Viveiro es importante entender que detrás del nombre existen dos realidades que trabajan de la mano. Por un lado está la Asociación Cultural Deportiva Ujeong, presidida por Amaya Vilar, y por otro el Club Taekwondo Jansu-Ujeong, presidido por Felipe Fernández y con Juan Carlos Quintana como director técnico. Son entidades diferentes, pero nacidas de una misma filosofía y con un objetivo común: utilizar el deporte como herramienta de inclusión social.

La historia es reciente. Apenas comenzó a tomar forma en 2024. Pero en poco más de un año el proyecto se ha convertido en un referente para decenas de familias de la comarca, especialmente para aquellas que encuentran más dificultades en el día a día.

Felipe explica que el actual club nació de la unión entre la asociación Ujeong y el antiguo club Jansu, procedente de Vilalba. El nombre no fue escogido al azar. “Jansu es uno de los poomsaes que existen en taekwondo”, comenta. Y cuando se le pregunta qué es exactamente un poomsae, explica que se trata de un combate imaginario en el que una persona ejecuta movimientos de defensa y ataque frente a varios adversarios ficticios. “Todo está muy corregido y es muy milimétrico”, señala.

Pero Jansu también significa “agua corriente”, una idea que encaja con la filosofía de adaptación y movimiento constante que inspira el proyecto. En el caso de Ujeong, la palabra significa amistad, familia o grupo de amigos. “Como éramos una asociación formada por personas que venían de sufrir diferentes situaciones, pensamos que lo mejor era unirnos como una familia”, explica Amaya.

INCLUSIÓN

La realidad social que rodea al proyecto es probablemente lo que lo diferencia de otros clubes deportivos. Según explican sus responsables, aproximadamente el 90 % de sus miembros son personas neurodivergentes. Entre ellos hay niños con TDAH, trastornos del espectro autista, dislexia o diferentes dificultades de socialización. También hay familiares que ayudan a la inclusión y cohesión entre todos y otras personas que no presentan neurodivergencias.

También hay familias procedentes de otros países que llegaron a A Mariña buscando una oportunidad. Viveiro, al igual que otros municipios costeros, recibió durante los últimos años a numerosas familias de Filipinas, Perú y distintos países sudamericanos vinculadas al sector pesquero. “Tenemos muchas familias monoparentales sudamericanas que llegaron aquí con la esperanza de encontrar una vida mejor”, comenta Felipe.

Muchas veces detrás de estas historias existen situaciones personales complejas. Casos de violencia de género, menores que sufrieron acoso escolar o familias que atravesaron circunstancias traumáticas. “Tenemos niños que sufrieron bullying, violencia de género en sus casas o situaciones muy difíciles”, explica. Por eso, los primeros pasos dentro del club no se centran tanto en el aspecto deportivo como en el emocional.

CONFIANZA

Amaya Vilar es la primera persona con la que suelen contactar los menores cuando llegan al proyecto. Su labor se centra en la adaptación inicial.

“Muchos llegan con una autoestima muy baja, sin confiar en sí mismos y con problemas de coordinación”, relata. Por ese motivo, lo que realizan inicialmente no es exactamente taekwondo. Ella misma lo define como un “pre-taekwondo”.

Los ejercicios se centran en la psicomotricidad, en la repetición de movimientos, en el aprendizaje de rutinas y en la adquisición de confianza. “Es cuestión de intentarlo, animar, motivar, motivar y motivar”, resume. El objetivo es que los niños y niñas vayan descubriendo que son capaces de hacer cosas que antes creían imposibles. Poco a poco comienzan a coordinar movimientos, a relacionarse con sus compañeros y a sentirse seguros dentro de un grupo. Esa transformación es, para los responsables del proyecto, tan importante como cualquier medalla.

VOLUNTARIADO

Uno de los aspectos más sorprendentes de Jansu-Ujeong es que todo el trabajo se desarrolla de forma completamente altruista. “Somos Acción Voluntaria, inscritos en el Ayuntamiento y en la Xunta”, afirman. Eso significa que ni Amaya ni Felipe reciben ningún tipo de compensación económica. Ni salarios, ni dietas, ni gastos de desplazamiento. “Lo pagamos todo desde el Club y la Asociación, intentando que las familias tengan los mínimos gastos posibles”, aseguran.

La afirmación no queda en una frase hecha. Los desplazamientos a competiciones, los acompañamientos a eventos deportivos y muchas actividades extraordinarias son financiados directamente por los propios responsables.

“A los niños los llevamos a los campeonatos en nuestros coches”, explica Felipe. La única aportación económica obligatoria es la licencia federativa y la cuota de socio del Club, que permite que todos los practicantes estén cubiertos por un seguro deportivo y que puedan disponer de las horas y lugares de entrenamiento. Actualmente son 74 integrantes y todos están federados. A pesar de las dificultades económicas, tienen claro que no quieren renunciar al proyecto. “No lo hacemos por dinero. Lo hacemos por la parte emocional”, asegura Amaya.

ACOMPAÑAMIENTO

La labor de la entidad va mucho más allá de las horas de entrenamiento. En las familias monoparentales, especialmente cuando las madres están trabajando, el club se convierte en una auténtica red de apoyo. “Muchas veces vamos a recoger a los niños para que no se queden solos”, explican.

Las comunicaciones con las familias son constantes. Avisan cuando los menores llegan a los entrenamientos, cuando terminan e incluso cuando regresan a sus casas. La seguridad es una prioridad absoluta.

También existen normas claras. Los menores deben avisar cuando faltan, mantener un comportamiento adecuado y cumplir con sus responsabilidades académicas. “Si bajan las notas, primero hay que estudiar”, señalan. Otra regla es que los padres no entren en el pabellón durante los entrenamientos. El motivo es fomentar la autonomía. “Queremos que aprendan a calzarse solos, a atarse el cinturón y a resolver pequeñas situaciones por ellos mismos”, explican.

EVOLUCIÓN

Los resultados de este trabajo comienzan a verse con claridad. Según relatan Amaya y Felipe, diferentes profesionales de la psicología que atienden a los menores destacaron los avances logrados. “Vieron una gran evolución”, afirman.

Hay casos especialmente emocionantes. Niños que permanecían aislados en los recreos, menores con comportamientos agresivos o dificultades graves para relacionarse que lograron integrarse.

También recuerdan a chicos que no soportaban entrar en un pabellón deportivo y que ahora participan en competiciones oficiales. “Algunos consiguieron incluso medallas en los campeonatos escolares gallegos”, comentan con orgullo. Pero insisten en que lo importante no son los resultados deportivos. “Lo importante es verlos disfrutar e integrarse”, destacan. Esa satisfacción es precisamente lo que los impulsa a seguir adelante pese a las dificultades.

FUTURO

Actualmente entrenan de martes a sábado y desarrollan su actividad principal en las instalaciones del IES Vilar Ponte de Viveiro. También tienen presencia en Burela, en el aula multidisciplinar de la Escuela de Música, y en Vilalba, en un espacio cedido por el Ayuntamiento.

Cuentan además con el apoyo técnico de Juan Carlos Quintana, entrenador nacional y director técnico de la entidad. “Quintana es quien enseña realmente el taekwondo”, explican. Es quien transmite los conocimientos sobre los poomsaes, los exámenes de grado, los nombres técnicos y la filosofía del arte marcial.

A corto plazo, el principal reto está muy claro. “Mantenernos. Cueste lo que cueste”, afirma Amaya. Al mismo tiempo, quieren seguir creciendo. Cada vez más terapeutas recomiendan el proyecto y el número de menores interesados aumenta constantemente. Sin embargo, esa expansión también supone nuevos desafíos. “Necesitaríamos más voluntarios”, reconocen. Porque detrás de cada clase hay mucho más que una actividad deportiva. Hay acompañamiento, apoyo emocional, integración social y una enorme dedicación personal.

Por eso, cuando algunas familias les dicen que están perdiendo dinero, Amaya responde con una reflexión que resume perfectamente el espíritu de Jansu-Ujeong. “No pierdo nada. Yo gano mucho mental y emocionalmente”.

Quizás esa frase explique mejor que ninguna otra por qué un proyecto nacido hace tan poco tiempo consiguió convertirse en una auténtica familia para decenas de niños y niñas de A Mariña. Un lugar donde aprender una patada o un poomsae es importante, pero donde lo fundamental es descubrir que cada persona puede encontrar su sitio, confiar en sí misma y avanzar, paso a paso, hacia un futuro mejor.

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