Una oda a lo "cuqui"

Por Rebeca Maseda
Hay proyectos culturales que tienen algo especial. No necesariamente porque pretendan revolucionar el mundo ni porque lleven detrás grandes discursos, sino porque hacen algo tan sencillo —y tan difícil— como cuidar cada detalle, trabajar con rigor, generar ilusión y conseguir que la música suceda de verdad. Camerata Penedès es, sin duda, uno de esos proyectos. Una oda a lo «cuqui», entendido en su mejor versión: a las cosas hechas con cariño, inteligencia, sensibilidad y, sobre todo, mucho oficio.
El pasado 25 de octubre, el Auditori Maria Rosa Juncosa de Vilafranca del Penedès, localidad donde la formación tiene su residencia, acogió un espectáculo extraordinario en torno a Sueño de una noche de verano, de F. Mendelssohn, basada en la obra homónima de W. Shakespeare. Una propuesta que partía de un clásico universal para ofrecer una lectura contemporánea, fresca y original, en la que música, palabra e interpretación escénica dialogaban con absoluta naturalidad. Porque los clásicos, cuando se abordan sin prejuicios y con imaginación, no necesitan ser embalsamados: están más vivos que nunca y siguen teniendo mucho que decirnos.
El resultado fue un concierto espectacular en todas sus dimensiones. Musicalmente, por la calidad y el cuidado de la interpretación; artísticamente, por la coherencia de una propuesta que sabía muy bien lo que quería contar; y humanamente, por la capacidad de crear una experiencia compartida, cercana y emocionante. En este sentido, merece una mención muy especial el Cor Aglepta, cuya participación fue uno de los grandes aciertos de la velada. Su presencia, su expresividad y su entrega aportaron una dimensión sonora y emocional bellísima, realmente impresionante. También fue fundamental el trabajo de la actriz Elisabet Casanovas, que aportó a la propuesta una presencia escénica llena de personalidad, frescura y naturalidad. Su intervención permitió transitar por el universo shakespeariano con complicidad y sentido del humor, sin renunciar a la poesía ni a la fuerza teatral del texto. Una manera de acercar Shakespeare al público actual sin simplificarlo, pero tampoco convertirlo en una pieza de museo.
Y aquí es donde el proyecto de Camerata adquiere una dimensión que va mucho más allá de un concierto concreto. Porque lo verdaderamente valioso no es solo lo que sucede sobre el escenario, sino todo lo que hace posible que suceda. La existencia de formaciones e iniciativas culturales de este tipo demuestra que la excelencia artística no es patrimonio exclusivo de las grandes capitales ni de los principales centros urbanos. Se puede construir una programación ambiciosa, ofrecer propuestas innovadoras y reunir artistas de enorme calidad sin necesidad de desplazar el centro de gravedad cultural a las ciudades.
En definitiva, es una cuestión de democratización cultural, pero también de identidad y de comunidad. Se trata de acercar la cultura a los lugares donde vive la gente, de crear hábitos, fidelizar públicos y conseguir que la música clásica deje de percibirse como algo lejano o reservado a una minoría. Que un auditorio esté lleno no es un dato menor: es la expresión visible de que existe interés, curiosidad y voluntad de participar cuando se ofrecen propuestas estimulantes y bien construidas. Camerata Penedès representa precisamente eso: una manera de entender la cultura como un espacio de encuentro, pertenencia y emoción colectiva. Un proyecto que cuida la música, a los artistas y al público, y que parece tener muy claro que la calidad no está reñida con la cercanía, ni la ambición con la sensibilidad.
Quizá por eso el concierto del 25 de octubre dejó tan buen sabor de boca. Porque, además de música y teatro, hubo ideas, belleza, sentido del humor y una enorme cantidad de trabajo bien hecho. Y porque, a veces, la mejor manera de hacer grandes cosas es no olvidar el valor de las pequeñas. Sí, Camerata es una oda a lo «cuqui», pero también es una excelente noticia para la cultura.
¡Larga vida a Camerata!