Mateo Fernández: De Xove a los World Games con la selección gallega de fútbol gaélico

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Mateo Fernández, jugador del Estrela Vermelha, descubrió este deporte durante su etapa universitaria y, cuatro temporadas después, consiguió representar a Galicia en una competición internacional en Irlanda
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Fotografías de Darío Eyré e Salitre Audiovisuais
27 Sep 2026

Por Ana Somoza.

Mateo Fernández López encontró en el fútbol gaélico una nueva manera de vivir el deporte cuando las circunstancias le habían obligado a alejarse del fútbol tradicional. Natural de Xove, fue durante su tercer año de carrera en la Universidade de Santiago de Compostela cuando un amigo, Gábor, le animó a probar un entrenamiento. Por entonces había dejado su anterior deporte porque le resultaba “imposible compaginar los estudios y la vida en la Universidad con los entrenamientos y partidos” de su club xovense. Lo que inicialmente era simplemente una experiencia acabó abriendo un camino que le llevó hasta la selección gallega y los GAA World Games.

La próxima será ya su cuarta temporada practicando fútbol gaélico y actualmente defiende la camiseta del Estrela Vermelha de Santiago de Compostela. De aquel primer contacto con la modalidad recuerda especialmente la sorpresa de poder utilizar manos y pies, una característica que obliga a desarrollar “esa coordinación con ambas partes del cuerpo”. Pero no fue solo el juego lo que consiguió atraparlo. Desde el principio le interesó también “la parte social y los valores que defiende”, con la convivencia entre rivales en el tercer tiempo o los entrenamientos y torneos compartidos con los equipos femeninos.

DESCUBRIMIENTO.

Para quien nunca haya asistido a un encuentro, Fernández explica que el fútbol gaélico es un deporte tradicional irlandés que en Galicia se adapta a los campos de fútbol y se disputa con equipos de nueve jugadores. El objetivo es sumar más puntos que el rival empleando tanto las manos como los pies. Cada pocos segundos el jugador debe botar la pelota o realizar un solo, que consiste en dejarla caer sobre el pie y recogerla nuevamente sin detener la carrera.

También existen dos maneras de puntuar: enviar el balón por encima del larguero suma un punto, mientras que introducirlo en la portería concede tres. Esta doble puntuación es precisamente una de las características que, para el xovense, incrementa la emoción de los partidos.

Su experiencia como portero tanto en el fútbol tradicional como en el gaélico le permite comparar ambas modalidades. Considera que la segunda resulta más dinámica porque “constantemente estás en movimiento” independientemente de la posición. Incluso el portero participa activamente, ya que los saques son fundamentales para iniciar los ataques. “En el gaélico, cada posesión equivale a una jugada prometedora para hacer un punto”, explica.

SELECCIÓN.

El salto a la selección gallega supuso una recompensa especialmente importante. Fernández no duda en definirlo como “un orgullo inmenso” y como la constatación de que el esfuerzo realizado estaba dando resultados. La convocatoria adquirió todavía más valor por las circunstancias en las que afrontó la temporada: viajaba desde Xove hasta Santiago para poder entrenar y disputar los partidos mientras, al mismo tiempo, preparaba unas oposiciones.

El camino hacia los GAA World Games comenzó al finalizar la competición con los respectivos clubes. Los seleccionadores elaboraron una preconvocatoria para iniciar en mayo una preparación de la que posteriormente saldrían 28 jugadores, divididos en los equipos A y B.

Durante mayo y junio entrenaron aproximadamente dos veces a la semana y fueron alternando instalaciones cedidas por diferentes concellos, entre ellos Lalín, O Pino y Boqueixón. El trabajo físico y táctico se completó con jornadas formativas en las que participaron un psicólogo de la Federación y un jugador profesional de fútbol gaélico en Irlanda.

El resultado fue una experiencia internacional intensa. Fernández regresó “cansado” por el elevado número de partidos disputados cada día y por las temperaturas que encontraron en Irlanda, pero también sorprendido por la capacidad competitiva de la expedición gallega. Galicia acudió con cuatro equipos, dos masculinos y dos femeninos, y tres consiguieron ganar sus respectivas finales.

WORLD GAMES.

No todo resultó sencillo. Mateo conserva especialmente en la memoria el difícil inicio del primer equipo masculino. En la primera jornada perdieron sus encuentros sin conseguir mostrar el nivel que sabían que podían ofrecer. La decepción se trasladó incluso al desfile del torneo celebrado aquella misma tarde. “La mayoría estábamos con caras largas y sin poder disfrutar del momento”, recuerda.

Fue necesario recomponerse colectivamente. Después de varias conversaciones y de darse ánimos unos a otros, la situación cambió. En la siguiente jornada consiguieron encontrar su juego y recuperar las sensaciones positivas, con un equipo que respondió apoyándose en los momentos más complicados.

La competición le permitió también comprobar la dimensión internacional de este deporte. El nivel era “muy elevado” y la velocidad de juego estaba claramente por encima de la habitual en la liga gallega. Enfrentarse a rivales más exigentes obligaba igualmente a elevar el propio rendimiento.

Pero los World Games no quedaron reducidos a los resultados. Fernández destaca el ambiente creado entre selecciones. Las instalaciones permitían seguir simultáneamente numerosos encuentros y compartir experiencias con deportistas procedentes de otros países y regiones. La competitividad permanecía dentro del terreno de juego; fuera, la relación cambiaba por completo. Al terminar los partidos, recuerda, “ya estábamos hablando con los rivales para cambiar las camisetas y poder llevar algún recuerdo”.

GALICIA.

Vestir la camiseta gallega en un escenario internacional tuvo para el jugador de Xove un significado que trasciende el ámbito estrictamente deportivo. Habla de “mucho orgullo” por representar a su comunidad y poder llevar “nuestra cultura, tradición y nuestra gente” hasta lugares a los que inicialmente parecía difícil llegar.

Ese sentimiento aumenta al comparar la realidad gallega con la de otros países. Fernández recuerda que Galicia compite contra selecciones de territorios que pueden triplicar o cuadruplicar el número de licencias, como Francia, y en los que la presencia de jugadores irlandeses resulta relevante. Aquí la situación es diferente: “El 99% de los jugadores y jugadoras que competimos en la liga somos gallegos”.

Por eso contempla con optimismo el futuro. Cada año, explica, aumentan tanto las fichas federativas como el número de equipos. Destaca también iniciativas como las Gaélico Escolas, que introducen la modalidad en los centros educativos para que niños y niñas puedan conocerla y participar en torneos.

VALORES.

Si algo le ha dejado el fútbol gaélico más allá de los resultados son “sobre todo el compañerismo y el respeto por los compañeros y compañeras”. Son valores que relaciona directamente con la filosofía de una modalidad en la que la convivencia ocupa un espacio importante y en la que se fomenta la participación de hombres y mujeres.

Precisamente por eso anima a probar a cualquier chico o chica que sienta curiosidad. Su recomendación es sencilla: “Que lo pruebe”. Considera que descubrirán “un deporte diferente y muy dinámico”, en el que pueden utilizar distintas partes del cuerpo y donde se favorece que niños y niñas participen por igual mediante equipos mixtos.

Mateo Fernández llegó al fútbol gaélico buscando una alternativa que pudiera encajar con su vida universitaria y acabó encontrando mucho más. Cuatro temporadas después, los desplazamientos entre Xove y Santiago, los entrenamientos y el esfuerzo compartido le permitieron competir con la selección gallega en uno de los mayores escaparates internacionales de esta modalidad. Un viaje que comenzó por la invitación de un amigo a un entrenamiento y que acabó llevándolo hasta Irlanda representando a Galicia.

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