El futuro de la pesca, entre la sostenibilidad, la rentabilidad y el desafío de sobrevivir

Por Máximo Díaz, secretario Cofradía de Celeiro y coordinador Jornadas Técnicas de Pesca
La pesca afronta un momento decisivo. A los desafíos tradicionales de la actividad extractiva se suman nuevas exigencias ambientales, una creciente presión normativa, el encarecimiento de los costes de explotación y las dificultades para garantizar el relevo generacional. En este escenario, las XXX Jornadas Técnicas de Difusión del Sector Pesquero de Celeiro, de este año, se presentan como un espacio para analizar los problemas que condicionan el presente de la flota y, sobre todo, para reflexionar sobre qué
modelo pesquero se quiere para las próximas décadas.
El programa aborda una realidad compleja: la necesidad de compatibilizar la conservación de los recursos marinos con la viabilidad económica de las empresas y el mantenimiento de la actividad en las comunidades costeras. Porque el futuro de la pesca no depende únicamente de que haya recursos en el mar, sino también de que existan barcos capaces de faenar, profesionales dispuestos a embarcarse y empresas que puedan desarrollar su actividad con rentabilidad.
Uno de los grandes ejes del debate, de este simposio transversal, será la Política Pesquera Común y su influencia sobre la flota europea. Las posibilidades de pesca, las medidas de control, las obligaciones administrativas y las exigencias ambientales condicionan directamente la actividad diaria de los buques. La cuestión de fondo es cómo avanzar hacia una gestión sostenible sin comprometer la competitividad de las empresas ni debilitar la capacidad productiva de Europa.
La preocupación no es menor. La dependencia europea de los productos pesqueros procedentes de terceros países plantea interrogantes sobre la seguridad alimentaria y la autonomía estratégica. Mantener una flota propia resulta fundamental para sostener el empleo, la actividad portuaria y una industria vinculada históricamente a numerosos territorios costeros. De ahí la importancia de garantizar unas condiciones de competencia equilibradas y de evitar que las exigencias impuestas a los productores europeos terminen debilitando su posición en el mercado.
La sostenibilidad ambiental ocupará también un lugar destacado. La protección de la biodiversidad, la reducción de las capturas accidentales y los efectos del cambio climático obligan a adaptar la gestión pesquera a unos ecosistemas marinos en transformación. El reto consiste en encontrar soluciones basadas en el conocimiento científico y en la experiencia de los profesionales, con medidas proporcionadas y adaptadas a las
particularidades de cada pesquería. La conservación del mar y la continuidad de la pesca no deberían entenderse como objetivos enfrentados, sino como condiciones que deben avanzar conjuntamente.
A esta transformación se suma la competencia por el espacio marítimo. El desarrollo de la eólica marina abre nuevas oportunidades industriales y energéticas, pero también plantea interrogantes sobre el acceso a los caladeros y las repercusiones económicas para las flotas. La planificación de estos proyectos deberá tener en cuenta la actividad pesquera desde sus primeras fases, evaluando sus impactos y garantizando una participación efectiva del sector en las decisiones.
La modernización tecnológica constituye otra de las grandes líneas de reflexión. La digitalización, la inteligencia artificial y la mejora de la eficiencia energética pueden contribuir a reducir costes, optimizar las operaciones y mejorar la gestión de los recursos. Sin embargo, esta transición exige inversiones, formación y soluciones adaptadas a las posibilidades reales de cada empresa. Descarbonizar la flota será difícil si las exigencias tecnológicas no van acompañadas de instrumentos que permitan asumir sus costes sin comprometer la rentabilidad.
Pero ningún debate sobre el futuro de la pesca estará completo sin abordar el factor humano. La falta de relevo generacional amenaza la continuidad de determinadas empresas y dificulta la disponibilidad de profesionales cualificados. Atraer a jóvenes requiere algo más que reivindicar la importancia histórica de la actividad: exige mejorar las condiciones laborales, ofrecer perspectivas profesionales y mostrar una pesca moderna, tecnificada y capaz de proporcionar un futuro estable.
Las jornadas también ponen el foco en la evolución de los mercados y los hábitos de consumo. La adaptación de los productos pesqueros a las nuevas demandas, la innovación comercial y la mejora de la trazabilidad pueden contribuir a reforzar su competitividad. El objetivo debe ser que el valor generado a lo largo de la cadena llegue también al productor, cuya rentabilidad resulta esencial para sostener toda la actividad.
En definitiva, las XXX Jornadas Técnicas de Celeiro plantean una reflexión que trasciende el ámbito estrictamente pesquero. Lo que está en juego es la capacidad de mantener una actividad económica estratégica, preservar el tejido social de las comunidades costeras y garantizar que Europa conserve una flota propia en un contexto de profundas transformaciones.
El desafío pasa por encontrar un equilibrio real entre sostenibilidad, competitividad y responsabilidad social. Para conseguirlo, serán necesarias políticas estables, decisiones fundamentadas en la ciencia, una regulación proporcionada y una participación efectiva del sector.
Porque proteger el mar es imprescindible, pero también lo es garantizar que quienes viven de él puedan seguir haciéndolo. El futuro de la pesca se decidirá, en buena medida, por la capacidad de convertir esa doble exigencia en una estrategia común que permita mantener una flota viable, unos recursos bien gestionados y unas comunidades costeras con futuro.