Claudia Rodríguez, una vida de compromiso con el fútbol sala

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La deportista focense repasa una trayectoria marcada por el esfuerzo, los éxitos con el Burela FSF y la defensa del deporte femenino, sin olvidar nunca sus raíces
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19 Jul 2026

Por Ana Somoza

Recibir la Medalla al Mérito Deportivo de Galicia es un reconocimiento reservado a aquellas personas que dejan huella en el deporte gallego. En el caso de la focense Claudia Paola Rodríguez Teijeiro, la distinción llega después de décadas de entrega al fútbol sala, de una carrera construida desde la humildad y el trabajo diario y de un recorrido que la ha convertido en uno de los grandes referentes del deporte femenino en A Mariña.

La jugadora, nacida en Foz en 1984, inició su relación con el balón cuando apenas era una niña. Por aquel entonces, el fútbol sala femenino daba sus primeros pasos en la comarca y pocas personas podían imaginar que aquella chica que acudía a los entrenamientos del KX con solo 12 años acabaría convirtiéndose en una de las capitanas más reconocidas del Pescados Rubén Burela FSF y en una figura admirada por varias generaciones de deportistas.

La propia Claudia reconoce que la reciente distinción ha sido una de las emociones más especiales de su vida. Explica que la medalla supone “un orgullo enorme” y que representa el reconocimiento a “muchos años de esfuerzo, sacrificio y dedicación”. Pero, lejos de entender el galardón como un logro individual, insiste en compartirlo con todas las personas que la acompañaron en el camino. “Es un premio que quiero compartir y agradecer a la gente que me apoyó durante mi carrera deportiva, sobre todo a mi familia”, asegura.

INICIOS. Al hablar de sus primeros pasos en el fútbol sala, la focense traslada la memoria a una época en la que todo era ilusión. Recuerda que era la más joven del grupo y que esperaba con impaciencia la llegada de los entrenamientos. “Deseaba que llegara el día de entrenamiento para jugar y aprender”, relata.

De aquella etapa conserva recuerdos especialmente felices. Cuenta que disfrutaba enormemente compartiendo pista con compañeras mayores que ella y destaca el cariño recibido. “Lo pasaba muy bien, disfrutaba jugando y reía mucho con ellas. Eran personas muy alegres y cariñosas conmigo”, recuerda. Aquel ambiente fue decisivo para consolidar una pasión que acabaría marcando buena parte de su vida.

EVOLUCIÓN. El fútbol sala femenino de finales de los años noventa poco tiene que ver con la realidad actual. Claudia explica que en aquella época existían equipos en diferentes localidades de A Mariña, como Foz, Burela, Ribadeo o Barreiros, pero el deporte se desarrollaba en un contexto muy diferente. Según relata, no existían categorías de base estructuradas y la visibilidad era mínima. “Los medios de comunicación cubrían muy pocas sesiones de fútbol sala femenino y eso limitaba su crecimiento y reconocimiento social”, explica.

Las jugadoras practicaban deporte por afición. “Compatibilizábamos el fútbol sala con los estudios y algunas incluso con el trabajo y la vida familiar”, recuerda. La profesionalización era inexistente y los recursos escasos.

Por eso observa con satisfacción los avances conseguidos. Considera que hoy existen mejores condiciones, más apoyo por parte de los clubes y una mayor presencia mediática. “Pasó de ser un deporte de ocio y poco reconocido a ser un deporte más profesional, visible y en constante crecimiento”, resume.

“Mi disciplina, la constancia y el trabajo diario fueron claves en mi trayectoriaa” 

BURELA. Si hay un nombre inseparable de la carrera de Claudia Rodríguez ese es el del Pescados Rubén Burela FSF. Durante años se convirtió en una de las jugadoras emblemáticas del club y en una de las líderes del vestuario. Al recordar esa etapa, la deportista asegura que significó mucho más que practicar un deporte. “Fue el club que me dio la oportunidad de competir al más alto nivel, de aprender y crecer como jugadora y como persona”, explica.

Su voz se emociona cuando habla de la entidad naranja. No duda en afirmar que “es el club de mi corazón”, una frase que resume perfectamente el vínculo creado durante tantos años. Como capitana vivió momentos inolvidables. Destaca especialmente los encuentros en los que el equipo fue capaz de superar situaciones límite gracias a la unión del grupo. Recuerda con especial cariño la primera clasificación para la Copa en una temporada en la que el único objetivo era evitar el descenso.

Pero por encima de todo sitúa un momento concreto: el ascenso a la División de Honor en 2010. “Éramos un equipo muy familiar”, recuerda. Aquel grupo reducido y aquella afición fiel dejaron una huella imborrable. “Nos llamaron los Diez Soles Naranjas”, comenta con orgullo.

SACRIFICIO. Detrás de los títulos y los éxitos había una realidad mucho más exigente de lo que podía parecer desde fuera. Claudia reconoce que compaginar deporte, estudios y trabajo no fue nada sencillo. Sus recuerdos están llenos de viajes interminables y de esfuerzos diarios. Mientras estudiaba en A Coruña entrenaba parte de la semana allí y completaba la preparación en Burela. “Llegábamos a casa más tarde de la una de la mañana”, relata.

Posteriormente llegaron los destinos laborales como docente. Finisterre, Ourense, Narón, Vilalba, Xove o Mondoñedo forman parte de una lista de lugares desde los que mantuvo intacto el compromiso con el deporte.

“Mi vida fue aprender a compaginar estudios, trabajo y fútbol sala”, resume. Una realidad que define perfectamente el camino seguido por muchas deportistas de su generación.

Al analizar las claves de su éxito, Claudia no habla primero de talento. Prefiere destacar otros valores. “Principalmente la disciplina, la constancia y el trabajo diario”, asegura. También tiene claro que el talento por sí solo no basta. “Sin trabajo y esfuerzo personal no se llega muy lejos”, afirma. Para ella, la diferencia la marcan la responsabilidad, la capacidad de superación y las ganas de mejorar.

“El fútbol sala femenino pasó de ser un deporte de ocio y poco reconocido a ser un deporte más profesional y visible” 

FAMILIA. A lo largo de la conversación aparece constantemente una palabra: familia. Claudia considera que nada de lo conseguido habría sido posible sin el apoyo recibido desde pequeña.

Describe a sus padres y a sus abuelos como los grandes responsables de su carrera deportiva. “Mi familia es la principal culpable de que yo me dedicara a esto”, comenta con una sonrisa.

Agradece especialmente que estuvieran presentes tanto en los momentos felices como en los más difíciles. “Me enseñaron a ser constante, responsable y a esforzarme”, destaca.

También conserva un profundo agradecimiento hacia su villa natal. Explica que en Foz siempre encontró cariño e interés por su evolución deportiva. Los vecinos preguntaban por los resultados y seguían su carrera con atención. Ese vínculo permanece intacto. “Foz siempre fue el punto al que volver. Donde están los míos. Mi casa”, afirma. Y añade una frase que resume toda una vida: “En Foz empezó todo”.

FUTURO. A pesar de los avances conseguidos, Claudia considera que el fútbol sala femenino aún tiene importantes retos por delante. Reclama más visibilidad, más recursos, mayor profesionalización e igualdad de oportunidades. Señala las diferencias que todavía existen respecto al fútbol sala masculino. Considera necesario incrementar el apoyo institucional y mejorar la cobertura mediática para seguir avanzando. También insiste en la importancia de la cantera. “Es el futuro de cualquier equipo”, asegura.

A las niñas que empiezan hoy en este deporte les envía un mensaje claro: “Que disfruten mucho jugando, que crean en ellas mismas y que no permitan que les digan que no pueden”, afirma.

Quizás por eso la Medalla al Mérito Deportivo de Galicia trasciende el simple reconocimiento individual. La figura de Claudia Rodríguez representa a una generación de mujeres que abrieron camino cuando el fútbol sala femenino apenas tenía visibilidad. Deportistas que viajaban cientos de kilómetros para entrenar, que compaginaban el deporte con el trabajo y los estudios y que construyeron, desde el anonimato en muchas ocasiones, los cimientos del fútbol sala actual.

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, su respuesta vuelve a reflejar la filosofía que ha guiado toda su carrera. Le gustaría que la recordaran “como una persona comprometida, trabajadora y apasionada por el deporte”. No solo por los títulos ni por los éxitos logrados, sino también por el compañerismo, el respeto y la capacidad de superar dificultades. Una definición que encaja perfectamente con la historia de una deportista que llevó el nombre de Foz y de A Mariña por toda España y que sigue siendo, hoy, un ejemplo para las nuevas generaciones.

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