Aris Villarino, el mago que quiere llevar la magia más allá del truco

Por Ana Somoza.
Aris Villarino descubrió la magia a los 21 años, después de ver a Lennart Green en el programa Luar a través de Luís de Matos. Poco después, el Mago Antón fue otra figura decisiva en su recorrido y, según explica, "me cambió el paradigma completamente". Para Villarino, su influencia fue determinante: "Detrás de Antón van todos los magos gallegos. Es como los patos cruzando la carretera".
Su curiosidad le llevó a descubrir que la magia va mucho más allá de las cartas, de los pañuelos o de los números en los que alguien es cortado por la mitad. "Puede aplicarse a cualquier cosa", asegura. También le llamó especialmente la atención conocer a magos ciegos o sin brazos, ejemplos que le permitieron comprobar hasta dónde puede llegar esta disciplina.
ESTILO.
Encontrar una identidad propia llevó tiempo. Como les sucede a muchos artistas, en los primeros momentos es habitual imitar a los maestros y buscar en ellos una referencia. Para Villarino, la dificultad estuvo precisamente en dejar atrás esas influencias y conseguir ser él mismo encima del escenario.
Hoy define su propuesta de manera clara: "Perversa. Perversa e irreverente". No se identifica con la imagen clásica del mago elegante, vestido con esmoquin y con una puesta en escena más tradicional. "No soy de esa magia elegante", comenta con humor, antes de añadir: "Hasta que ahorre para comprar un esmoquin".
Esa personalidad propia también se relaciona con la manera en la que entiende sus espectáculos. No considera necesario que cada actuación tenga que provocar una transformación profunda en el público. A veces basta con conseguir que durante un tiempo las personas desconecten de lo que sucede fuera del escenario.
EMOCIÓN.
"No todos los espectáculos tienen que cambiar vidas", explica. Para él, si consigue cambiar los cincuenta minutos que dura una actuación, ya es algo importante. En algunos casos, los espectadores le cuentan que les hizo olvidar un mal día, que les hizo reír o que les recordó aquella sensación de la infancia cuando veían a un mago. "Y ahí no hay truco", afirma.
La relación con el público es fundamental para Villarino. Considera que la magia es la única disciplina artística que no puede existir sin espectadores. Una persona puede escribir una canción, pintar un cuadro o hacer una película para sí misma, pero no puede hacer magia para sí porque conoce el secreto.
Por eso, incluso cuando acude poca gente a una actuación, intenta valorar el hecho de que esas personas le estén entregando una hora de su tiempo. Para él, esa confianza forma parte también del espectáculo.
INFANCIA.
Los niños constituyen otro de los públicos con los que trabaja habitualmente. Villarino considera que son más difíciles que los adultos porque son exigentes y no tienen tantos filtros a la hora de expresar lo que piensan. Al mismo tiempo, también los define como un público muy agradecido.
Una parte de su actividad está vinculada a las actividades extraescolares de magia que imparte en centros educativos de A Mariña. En ellas, además de aprender diferentes técnicas, los alumnos descubren también la responsabilidad que implica conocer un secreto. Al finalizar el curso, tienen la oportunidad de realizar una actuación para mostrar lo aprendido.
En ese trabajo hace suya una reflexión del mago Kayto: "La magia convierte a los adultos en niños y deja a los niños en ese estado". Esa capacidad para conservar la curiosidad y la ilusión es, para Villarino, una de las grandes virtudes de la magia.
En la actualidad prepara también un espectáculo para escuelas y bibliotecas sobre el acoso escolar, un proyecto que quiere abordar "sin filtros". La propuesta parte de la preocupación por el odio y por la facilidad con la que la ignorancia puede ocupar el espacio que deja libre el conocimiento.
NUEVOS RETOS.
Entre sus nuevos retos está la hipnosis escénica. Villarino está formándose con Jeff Toussaint y explica que, aunque existe una relación con la magia, en este caso se emplean técnicas psicológicas estudiadas. Su intención es seguir avanzando en ese campo y experimentar con la hipnosis cuando surja la ocasión.
También prepara un nuevo truco destinado al mercado de los propios magos, aunque en este caso prefiere mantener el secreto sobre su funcionamiento. Entre sus referencias está Tom Mullica y su rutina Smoking Magic, que considera especial por la dedicación que hay detrás.
La lista de referentes de Villarino incluye también a Juan Tamariz, Lennart Green y Dani Daortiz, además del Mago Antón. De Tamariz asegura que "nunca le podré agradecer lo suficiente", mientras que sobre Antón reconoce que, si hoy hace magia y además le gusta hacerla en gallego, es en buena medida "culpa suya".
Su relación con la magia va más allá de los escenarios. Define el gremio como una especie de familia en la que existe mucha comunicación y poco ego. Cuenta que tiene la oportunidad de compartir mesas y cafés con magos de primer nivel y que en ese ambiente se habla, se escucha y se ayuda.
En Foz, sin embargo, considera que las posibilidades culturales tienen dificultades, especialmente durante el invierno. Señala que localidades más pequeñas pueden contar con más actividad y destaca la disposición de establecimientos como Yoglio, A Quilla Chiringuito o Bico Praia para acoger propuestas que permitan transformar algo tan habitual como "ir a tomar algo" en una experiencia.
Villarino también imagina un espectáculo inspirado en su entorno, aunque el que prepara actualmente está más centrado en las escuelas y en cuestiones como la cultura gallega, la lengua y las pequeñas cosas de la vida.
Y, cuando piensa en el futuro, también deja espacio para el humor. Uno de sus objetivos es acertar algún día un número de la lotería, como Anthony Blake, pero haciendo que esta vez sí sea el correcto. Mientras tanto, seguirá buscando nuevos escenarios y nuevas formas de conseguir que el público deje fuera, al menos durante unos minutos, todo lo demás.