Valentín Ínsua, la voz de las campanas de Mondoñedo que mantiene vivo el tiempo

AMariñaXa
El campanero de la Catedral de Mondoñedo y tesorero de la Asociación Cultural Pedregás reivindica el patrimonio histórico y cultural de la ciudad
Valentin-Insua-Campaneiro-catedral-Mondonedo-2026-XA
Fotografías cedidas por Andrés García Doural
15 Mar 2026

Por Ana Somoza.

Durante siglos, las campanas fueron mucho más que un instrumento sonoro. Fueron lengua, señal, aviso, celebración y despedida. En Mondoñedo, ese idioma antiguo sigue vivo gracias a personas que hicieron de la tradición una forma de vida. Valentín Ínsua, campanero de la Catedral y presidente de la recientemente creada Asociación Cultural Pedregás, representa esa continuidad silenciosa que une pasado y presente a través del sonido del bronce.

Tradición. Para Valentín Ínsua, ser campanero de la Catedral de Mondoñedo no es una función ni un oficio al uso, sino una herencia vital que lo ha acompañado desde la infancia. Según relata, “ser campanero significa tradición, significa familia, significa alegría”, una afirmación que resume una relación emocional profundamente arraigada. Recuerda que desde muy pequeño ya subía a la torre acompañado por sus tíos y por su padre, integrándose de forma natural en una práctica que no se aprendía en los libros, sino en la convivencia diaria. Para él, las campanas “son parte de mi vida” e incluso llega a afirmar que “son el sentido de mi vida”, una declaración que evidencia hasta qué punto este trabajo forma parte de su identidad personal.

Aunque actualmente está jubilado, Ínsua explica que no concibe abandonar completamente el toque manual. Asegura que seguirá subiendo a la torre “por afición, de vez en cuando”, porque el vínculo con las campanas va más allá de una obligación profesional. A su juicio, tocar las campanas también es mantener vivo un sistema de comunicación que durante siglos organizó la vida colectiva de la ciudad, ya que “toda la gente de Mondoñedo y de otros sitios se guiaba por el toque de las campanas”.

Volteo. Entre los distintos toques, Valentín Ínsua reconoce que existe una clara predilección: el volteo de las campanas. En especial, destaca el de la Paula, la campana más emblemática de la Catedral, con un peso aproximado de 2.500 kilos. Según explica, el volteo es el toque más importante porque tradicionalmente ha estado asociado a los días grandes, las fiestas y los acontecimientos señalados. “Aquí la tradición siempre fue el volteo de las campanas, especialmente de la Paula, que es nuestro símbolo más importante”, afirma.

Sin embargo, la Paula no suena solo en los momentos alegres. Ínsua recuerda que también está presente en los entierros, ya que estos “son días especiales”. El toque de muerte, aunque pueda considerarse negativo, es para él una forma de reconocimiento y despedida. Describe ese momento como un gesto simbólico hacia alguien que formó parte de la comunidad, señalando que es “una manera de despedida, pero con un símbolo como son las campanas”. Así, el sonido acompaña tanto la celebración como la pérdida, formando parte de un mismo ciclo vital.

Paula. El origen del nombre de la campana más conocida de la Catedral sigue envuelto en cierto misterio. Valentín Ínsua admite que no se sabe con exactitud por qué se llama Paula, aunque apunta a la posibilidad de que derive de Paula, discípula de San Jerónimo. Según relata, “seguramente alguien antes de 1548 quiso ponerle ese nombre”, y desde entonces se ha mantenido a lo largo del tiempo.

Uno de los datos más curiosos es que a lo largo de la historia existieron hasta siete campanas llamadas Paula, ya que se rompieron y fueron sustituidas, pero el nombre permaneció inalterable. La campana actual fue rebautizada oficialmente en 1868 como Paula de la Asunción, por decisión de un obispo que cambió la denominación de todas las campanas de la Catedral. No obstante, Ínsua subraya que “el nombre que está inscrito en la campana es Paula”, confirmando que la tradición popular prevaleció sobre el registro formal.

Mecánica. Actualmente, la Catedral de Mondoñedo cuenta con diez campanas en funcionamiento. Ocho de ellas están destinadas al toque manual, mientras que dos —Jerónima y Francisca— corresponden al reloj y suenan durante todo el día. Valentín Ínsua destaca una singularidad que convierte a la Catedral en un caso casi único: el reloj es totalmente mecánico y necesita ser dado cuerda de forma manual.

Según explica, tanto Santiago de Compostela como Mondoñedo son las únicas catedrales en las que se conserva este sistema tradicional. En el caso mindoniense, él mismo sube una vez por semana para dar cuerda al reloj, mientras que en Santiago la operación se realiza a diario. Además, subraya que prácticamente son las únicas campanas de gran tamaño que se conservan en Galicia, lo que incrementa su valor patrimonial.

La campana Jerónima, por su parte, es la segunda más grande de la Catedral y data de 1720. Ínsua señala que, salvo dos, todas las campanas fueron fundidas en Mondoñedo, lo que refuerza la idea de un patrimonio profundamente ligado al territorio.

Patrimonio. La conservación del toque manual sin electrificación es uno de los aspectos más llamativos del campanario de Mondoñedo. Valentín Ínsua reconoce que resulta sorprendente, ya que “prácticamente todas las catedrales de España están electrificadas”. En su caso, la continuidad se debe a una cadena humana ininterrumpida, que pasó de generación en generación hasta llegar a él.

Tras el fallecimiento de sus tíos y de su padre, fue él quien asumió la responsabilidad de mantener viva la tradición. La declaración del toque manual de las campanas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2022 reforzó, según afirma, el sentido de lo que están haciendo. “Aporta mucho más valor a nuestro trabajo”, explica, al entender que ya no se trata solo de una tradición local, sino de un bien reconocido a nivel internacional.

Sobre el relevo generacional, indica que cuenta con la colaboración de su cuñado, más joven que él, y se muestra relativamente optimista. También destaca que aprender a tocar las campanas requiere tiempo, pero no es imposible. Cuenta que dos niñas de once años, una sobrina suya y una amiga, comenzaron a practicar recientemente y son capaces de interpretar muñeiras y jotas. A su juicio, una base musical facilita mucho el aprendizaje.

Pedregás. Además de su papel como campanero, Valentín Ínsua es presidente de la Asociación Cultural Pedregás, creada en diciembre de 2025. Su presentación pública se realizó con un acto cargado de simbolismo: un toque de campanas. Por el momento, la entidad cuenta con seis socios, pero Ínsua asegura que están dando los primeros pasos “con mucha ilusión y con un proyecto claro”.

Pedregás es una zona de Mondoñedo de enorme relevancia histórica, estrechamente vinculada al obispo Muñoz y Salcedo. Según recuerda, fue él quien impulsó la remodelación de la fachada actual de la Catedral y la construcción de dos conventos, además de un complejo sistema de conducción de agua potable. A partir de tres fuentes situadas cerca de Alcántara, el agua llegaba a la ciudad a través de un túnel de unos 600 metros.

Una de estas fuentes, la de Pedregás, destaca por su singularidad arquitectónica. Ínsua la describe como “una pequeña capilla de cantería”, en la que el agua brota directamente de la piedra. Asegura que se trata de un espectáculo patrimonial que, paradójicamente, sigue siendo desconocido para buena parte de los vecinos. El principal objetivo de la asociación es poner en valor ese espacio y contribuir a su difusión.

Entre las actividades previstas, la entidad pretende organizar charlas mensuales sobre personajes históricos de Mondoñedo, como el marinero del siglo XVI Seixas e Lobera, pirata, virrey y editor de cartas de navegación. También quieren trabajar en la recuperación de la toponimia tradicional, recogiendo nombres de aldeas y lugares que corren el riesgo de desaparecer. Para Ínsua, se trata de preservar no solo palabras, sino la memoria colectiva de un territorio que se expresa, como las campanas, a través del tiempo.

0.096410036087036