Tecelás da Terra, la red que guarda semillas para mantener viva la memoria del rural

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El proyecto impulsado por Noelia Darriba, Raquel Veiga y Tania Merelas une educación social, ecofeminismo y trabajo comunitario a través de bibliotecas de semillas en Galicia
BETANZOS tecelás
Imágenes de Ana Tomé
8 May 2026

Por Noelia Uceira

En un tiempo en el que el rural pierde población, palabras, cultivos y formas comunitarias de vida, Tecelás da Terra propone un gesto aparentemente sencillo pero profundamente político: guardar semillas, compartirlas y devolverlas multiplicadas. Detrás de este proyecto están Noelia Darriba García y Raquel Veiga Teijeiro, socias de la cooperativa AtalaiAS, y Tania Merelas Iglesias, responsable de Avezar. Las tres llegan desde la educación social, los cuidados, el feminismo y el acompañamiento socioeducativo, y encontraron en las bibliotecas de semillas una forma de unir todo ese recorrido con la defensa de la biodiversidad, de la memoria campesina y de los saberes de las mujeres.

Tecelás da Terra nació de una experiencia previa vinculada a la Red de Semillas de Aragón, una entidad referente en la custodia de semillas autóctonas y en la adaptación de los cultivos frente a los efectos de la sequía. Aquel modelo de biblioteca de semillas, pensado como proyecto comunitario, abrió una posibilidad: traer a Galicia una iniciativa similar, pero adaptada a la realidad social, cultural y lingüística del territorio.

La propuesta encajó de forma natural con las trayectorias de sus impulsoras. 'Tecelás es un proyecto muy transversal que toca ámbitos que nosotras abordamos en nuestro quehacer profesional, como la puesta en valor de los cuidados, el feminismo y la sostenibilidad ambiental', explican. La idea no era solo conservar semillas, sino crear espacios en los que los vecinos, especialmente las mujeres del rural, pudiesen compartir conocimientos, recuperar memoria y liderar procesos comunitarios alrededor de la tierra.

Las bibliotecas de semillas funcionan dentro de bibliotecas públicas, como una actividad de extensión bibliotecaria. No son un almacén ni un banco cerrado, sino un espacio vivo de intercambio. Las personas que se acercan pueden llevarse semillas compartidas por vecinas participantes en el proyecto, sembrarlas en sus huertas y, al terminar la temporada, devolver una parte para que otras personas puedan hacer lo mismo. De ese modo, las variedades se multiplican y continúan circulando.

La dimensión comunitaria es una de las claves del proyecto. Tecelás da Terra no se presenta como una iniciativa puramente agrícola, sino como un proceso de educación social. Su objetivo es que la propia comunidad se apropie de la biblioteca, la haga suya y pueda llegar a gestionarla de manera autónoma. En ese camino, las bibliotecas públicas se convierten en lugares donde guardar semillas, pero también donde activar lecturas sobre la huerta, visitas a explotaciones locales, encuentros entre vecinas o espacios de intercambio de trabajos.

En el centro de la iniciativa están las mujeres. Las promotoras de Tecelás recuerdan que fueron ellas quienes, históricamente, cuidaron buena parte de las semillas y de los saberes vinculados a las huertas. Lo hicieron muchas veces como una extensión de las tareas del hogar, convirtiendo la semilla en alimento y sosteniendo la vida familiar y comunitaria desde la invisibilidad. 'Incluso cuando les preguntas, tienden a quitar importancia a todo su conocimiento y a los trabajos que hacen', señalan. Por eso, una parte esencial del proyecto pasa por reconocer esa labor y darle voz pública.

Ese reconocimiento toma forma en los llamados 'Círculos de Sementeira', encuentros en los que se mezclan formación, conversación y memoria. Allí se habla de la tierra, de los cultivos, de las semillas y de las formas de trabajo, pero también de las desigualdades, de las violencias y de la sobrecarga que atravesó históricamente la vida de las mujeres en el rural. Son espacios basados en el buen trato, la escucha activa, la ausencia de juicio y el respeto por los tiempos de cada participante.

En los círculos no solo se comparten técnicas agrícolas. También se recuperan palabras de la tierra, expresiones, refranes y vocabulario que se están perdiendo al mismo tiempo que desaparecen determinadas labores. Para las impulsoras de Tecelás, esa pérdida lingüística forma parte del mismo problema que la desaparición de las semillas locales. 'La pérdida progresiva de labriegos y labriegas supone la extinción de una cosmovisión, de una forma de estar y habitar el mundo', explican.

Entre las variedades que ya pusieron en circulación están las fabolas, cultivadas en la zona de Ortegal y compartidas en el Ayuntamiento de Mañón a través de la biblioteca de semillas. Se trata de una variedad local vinculada también a la gastronomía de la zona, con la que se elabora un caldo propio que fue perdiendo presencia. Al hacerlas circular de nuevo, Tecelás da Terra aspira a que más personas las cultiven, las prueben y las reconozcan como parte de un patrimonio común.

El proyecto habla también de cambio climático y de soberanía alimentaria. Las semillas locales, recuerdan sus impulsoras, están más adaptadas al territorio y pueden resistir mejor situaciones como la sequía. Frente al avance de los monocultivos, de las explotaciones intensivas y de los transgénicos, Tecelás defiende la biodiversidad agrícola como una herramienta para preparar a las comunidades ante un futuro más incierto.

Pero la pérdida no es solo ambiental. También es social. Las integrantes del proyecto recuerdan que muchos trabajos del campo que antes reunían a los vecinos hoy están mecanizados y resueltos por pocas personas y maquinaria. Donde antes había comidas compartidas, ayuda mutua e incluso fiesta, ahora queda muchas veces solo el recuerdo. 'El rural no puede entenderse sin comunidad', resumen.

La acogida, aseguran, está siendo positiva en las localidades en las que las bibliotecas de semillas ya funcionan, como por ejemplo en Betanzos. En algunos territorios, el proyecto abrió nuevas posibilidades, como la solicitud de un terreno municipal para cultivo comunitario o la organización de visitas a explotaciones agroecológicas. En septiembre, tienen previsto realizar encuentros en los ayuntamientos participantes para evaluar los primeros meses de funcionamiento.

Tecelás da Terra mide su impacto también desde lo cualitativo: los vínculos creados, la confianza de las participantes, la implicación de las bibliotecas y la continuidad de las redes. Saben que los números importan, pero defienden que un grupo pequeño puede provocar cambios profundos si consigue mantener vivo el compromiso.

El futuro que imaginan pasa por una red gallega de bibliotecas de semillas activa, conectada y enraizada en los territorios. Para eso, reclaman implicación institucional y comunitaria que permita dinamizar los espacios ya creados y llevar el proyecto a más ayuntamientos. Su aspiración es clara: que Tecelás eche raíces y que alrededor de ellas crezcan ecofeminismo, soberanía alimentaria, cuidados y memoria rural.

A quien piensa que todo esto pertenece solo al pasado, responden con una invitación sencilla: mirar la mesa. Preguntarse de dónde vienen los alimentos, quién los cultiva y qué territorio hay detrás de cada plato. A partir de ahí, dicen, es más fácil entender la necesidad de un rural vivo, cultivado desde la igualdad y sostenido por la comunidad.

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