Galicia tiembla: 226 terremotos en 2026 y un epicentro sísmico en el interior de Lugo

Galicia tiembla estos días al mismo tiempo que los terremotos vuelven a ocupar titulares en otros puntos del mundo. Los recientes movimientos registrados en Granada y los episodios sísmicos producidos en otros países, entre ellos Venezuela, han vuelto a poner el foco sobre un fenómeno que, aunque con intensidades y consecuencias muy diferentes, se produce diariamente en numerosas regiones del planeta.
La coincidencia en el tiempo no significa, sin embargo, que estos terremotos estén relacionados con los registrados en Galicia. Cada territorio responde a su propio contexto geológico y a las tensiones acumuladas en sus fallas. En el caso gallego, los movimientos suelen ser de pequeña magnitud y buena parte pasan completamente desapercibidos para la población. Precisamente por ello, los datos del Instituto Geográfico Nacional permiten descubrir una actividad mucho mayor de la que se percibe a simple vista.

226 SISMOS
Estos episodios forman parte de una fotografía mucho más amplia. Los datos recopilados por el IGN y correspondientes al período comprendido entre enero y el 23 de agosto contabilizan 226 terremotos en el territorio gallego durante 2026. La cifra puede resultar sorprendente para quien no identifique Galicia como una tierra sísmica, pero la explicación está precisamente en el tamaño de los movimientos: la inmensa mayoría son pequeños.
El análisis de los 226 registros muestra una magnitud media de alrededor de 1,75. Más de siete de cada diez eventos quedaron por debajo de magnitud 2: 56 se situaron entre 1 y 1,4 y otros 106 entre 1,5 y 1,9. Hubo 44 entre 2 y 2,4 y solo 15 alcanzaron o superaron 2,5. De ellos, siete llegaron a magnitud 3 o superior.
Por meses, abril y mayo destacan especialmente, con 52 y 51 registros, respectivamente. Les siguen julio, con 40; junio, con 22; enero, con 19; agosto, hasta el día 23, con 18; marzo, con 14; y febrero, con diez. Son cifras que permiten entender que la actividad sísmica gallega no se limita a episodios aislados.
El propio IGN advierte de que los datos sísmicos están sometidos a revisión continua y que los terremotos de menor magnitud pueden consultarse en su catálogo específico.
ZONA CERO
Dentro del mapa gallego hay un área que sobresale claramente. El triángulo formado por Becerreá, Sarria y Triacastela constituye el principal foco de la actividad sísmica de Galicia. El IGN confirma que "la mayor parte de la sismicidad se concentra en la zona de Sarria-Becerreá-Triacastela", donde históricamente se produjeron importantes series de terremotos.
Los datos de 2026 vuelven a apuntar en esta dirección. De los 226 movimientos analizados, 42 aparecen localizados expresamente en las proximidades de Triacastela o Becerreá. Triacastela destaca especialmente: 18 fueron situados al nordeste del municipio, seis al norte y otros en diferentes puntos de su entorno.
La explicación de que Galicia tenga terremotos no requiere que se encuentre sobre uno de los grandes límites activos entre placas tectónicas. La comunidad está alejada de las zonas de contacto más activas del planeta, pero eso no significa que su territorio permanezca completamente ajeno a las tensiones que afectan a la corteza terrestre. Estas pueden transmitirse y favorecer la reactivación de estructuras y fallas preexistentes.
El IGN caracteriza, de hecho, la sismicidad del noroeste peninsular como fundamentalmente superficial, con profundidades inferiores a los 30 kilómetros, y señala que el sur y el este de Galicia concentran un mayor número de terremotos, mientras que en otras áreas la actividad aparece más dispersa. También se registran movimientos con epicentro en el mar, tanto en la vertiente atlántica como en la cantábrica.


ABRIL
Para comprender que esa actividad puede atravesar fases más intensas no es necesario retroceder demasiado en el tiempo. La madrugada del 25 de abril de 2026 dejó una concentración extraordinaria de movimientos en el interior lucense. El catálogo analizado contabiliza 29 terremotos solo durante aquella jornada, varios de ellos alrededor de Triacastela y Becerreá.
El más importante alcanzó magnitud 3,6, con un epicentro situado al sudeste de Triacastela y una profundidad de tres kilómetros. El IGN lo recoge entre los terremotos significativos de la provincia de Lugo y le atribuye una intensidad IV. Poco antes, otro movimiento en la misma área había alcanzado magnitud 3,4 e intensidad III-IV.
La secuencia incluyó también terremotos de magnitudes 3,1 y 3,0, además de otros de menor intensidad. En una comunidad en la que predominan claramente los movimientos inferiores a magnitud 2, esa acumulación volvió a hacer visible una realidad que normalmente queda restringida a las pantallas y a los registros de los sismógrafos.
El episodio de abril es, de hecho, determinante en los datos acumulados de este año: el terremoto de 3,6 de Triacastela continúa siendo el de mayor magnitud incluido en el archivo de 226 eventos facilitado para este reportaje.
1997
Pero para hablar de la memoria sísmica de Lugo hay una fecha inevitable: 1997. La zona de Becerreá-Triacastela protagonizó entonces una de las secuencias más importantes registradas instrumentalmente en Galicia. El IGN identifica tres grandes series sísmicas en esta área, correspondientes a los años 1979, 1995 y 1997, con magnitudes máximas de 4,6, 4,7 y 5,2, respectivamente.
La de 1997 dejó numerosos movimientos durante meses. Los registros oficiales recogen terremotos de magnitudes 3,4, 3,6, 3,7 o 3,8 en los entornos de Baralla, Triacastela y Becerreá, además del episodio principal. La actividad no desapareció de golpe: en los años posteriores continuaron produciéndose terremotos relevantes en la misma zona. En marzo de 1998, por ejemplo, hubo uno de magnitud 3,9 al noroeste de Triacastela; en julio de ese año, otro de 3,6 al suroeste de Becerreá; y el 30 de enero de 2000 se registró uno de magnitud 4,1 al noroeste de Triacastela.
La lista llega hasta tiempos muy recientes. El IGN destaca un terremoto de magnitud 3,6 al noroeste de Triacastela en 2017, otro de 3,5 al sudeste del municipio el 1 de enero de 2024 y uno de magnitud 3,7 al sudeste de Sarria en marzo de ese mismo año.
MEMORIA
La perspectiva histórica amplía todavía más la fotografía. El catálogo sísmico español reúne información que se remonta varios siglos atrás, combinando para las épocas anteriores a la instrumentación moderna referencias documentales y estimaciones con datos obtenidos posteriormente mediante redes de observación.
En el conjunto del noroeste peninsular, el IGN sitúa entre los episodios históricos más destacados un terremoto ocurrido en 1783 en el océano Atlántico, con una magnitud estimada próxima a 6 y una intensidad máxima VI-VII. También menciona eventos de magnitud estimada superior a 5 en Viana do Castelo en 1909, Ferrol en 1910 y Pontevedra en 1920.
Todo ello permite situar los 226 terremotos registrados en Galicia en este 2026 en su verdadera dimensión. El número es elevado, pero no significa que Galicia esté atravesando necesariamente una situación excepcional o peligrosa: la mayor parte de los movimientos son de muy baja magnitud, como demuestran los datos.
Los dos terremotos de 1,9 registrados este domingo en Triacastela encajan precisamente en ese comportamiento. Son pequeños, no provocaron daños y pasaron inadvertidos para buena parte de la población. Pero también son dos nuevos puntos en un mapa que lleva siglos escribiéndose.
Porque Galicia está lejos de las zonas sísmicas que acostumbran a protagonizar los grandes terremotos del planeta, pero no es una tierra inmóvil. Y si existe un lugar en el que esa realidad resulta especialmente evidente es en el interior de Lugo, donde Becerreá, Sarria y Triacastela forman un triángulo bajo el que la tierra continúa, de vez en cuando, recordando que también se mueve.