Música para Salvar Vidas: Una sonrisa, un canto y una familia que atraviesa fronteras

GaliciaXa | AMariñaXa
La laurentina Paz relata su vínculo con la ONG y describe cómo un simple concierto en Castropol se convirtió en un compromiso vital con un proyecto que define como “presencia, agradecimiento y mirada profunda”
Paz-Lourenza-ONG-Musica-para-salvar-vidas-2
30 Nov 2025

Por Ana Somoza.

Hablamos con Paz, colaboradora laurentina de la ONG Música para Salvar Vidas (MPSV). Su historia podría resumirse en un instante aparentemente pequeño: un concierto, un encuentro casual y una emoción difícil de explicar. Pero, a lo largo de esta conversación, deja claro que nada fue casual, que todo encajó “como si una puerta se abriera sin forzarla” y que, de repente, aquello que sentía como un sueño interrumpido volvía a llamar a su vida.

DESCUBRIMIENTO. Ella misma recordaba que había conocido la organización en Castropol, en abril de 2025, durante un espectáculo de Uganda Sticks. Contaba que quedaron “absolutamente maravillados con la calidad del espectáculo”, y que aquella experiencia les despertó “un algo mágico”.

De hecho, reconocía que habían acudido por su formación como percusionistas, atraídos por el cartel que anunciaba “Los grandes tambores de Ruanda”, pero encontraron algo que iba mucho más allá de lo musical: “Fue mucho más que un concierto o un espectáculo, fue una familia”. Paz explicaba también que, al terminar aquel primer encuentro, conversaron con la presidenta de la ONG, Elisabeth, quien les comentó que debían cancelar el espectáculo previsto en Vegadeo por falta de entradas vendidas y por los gastos que no podían asumir.

Ese comentario, que podría no haber pasado de ahí, se convirtió en el inicio de todo: “Los invitamos a nuestra casa y promovimos el espectáculo a tope”, relataba, orgullosa del resultado: 135 entradas vendidas. Aquella visita a su casa fue decisiva. Los chicos les transmitieron algo difícil de definir: “Presencia, pura presencia, educación, agradecimiento, mirada profunda, colaboración y mucho respeto”.

ACOGIDA. Al día siguiente, Paz y su marido Thorsten comentaron que se sentían “profundamente enamorados y felices con la situación”, como si hubieran encontrado “parte de nuestra familia”. Ella insistía en que siempre habían estado vinculados a África “desde el corazón”, pero nunca imaginaron que África entraría en su casa “por la puerta grande, con alegría y entusiasmo”. MPSV, decía, vino a dar sentido a algo que llevaba años dormido en su trayectoria vital.

Su formación profesional también influyó en ese vínculo emocional. Recordaba que es trabajadora social y que tiene un máster en cooperación internacional y voluntariado. Confesaba que durante mucho tiempo soñó con trabajar en África, pero aquel proyecto quedó frustrado por la burocracia y las políticas complejas del sector. Por eso afirmaba que, 25 años después, aquel encuentro con Uganda Sticks hizo que “todo resucitase dentro de mí”. Para ella, lo único que habían hecho era “estar abiertos y disponibles a lo que estaba sucediendo, nada más”.

ORÍGENES. Sobre el origen de la ONG, Paz relataba que el proyecto tiene alrededor de 20 años y que nació “de casualidad”, o más bien de una responsabilidad inesperada. Contaba que Elisabeth, promotora de espectáculos de música clásica y de cámara, recibió un encargo del Ayuntamiento de Madrid: traer un coro de voces africanas.

Así llegaron unos niños de Uganda procedentes de un orfanato. Pero, al regresar a su país, no fueron bien recibidos y los dejaron en la calle. “La respuesta natural fue hacerse cargo de la situación y atenderlos”, explicaba Paz. Así comenzó Música para Salvar Vidas, “una hermosa historia” que la presidenta relata con detalle en algunos de los cuadernos publicados por la organización.

El objetivo principal de la ONG sigue siendo el mismo: brindar herramientas como educación y arte a los jóvenes hasta que alcancen independencia en su país. Pero Paz subrayaba que la etapa más complicada es la juventud, alrededor de los 17 o 18 años: cuando comienzan estudios superiores o buscan trabajo y necesitan apoyo, sobre todo económico. “Mientras están en el orfanato y van a la escuela, cuesta, pero es más sencillo; independizarse es más difícil y costoso”, explicaba.

ARTE. Hablaba también de la música como herramienta de transformación. Afirmaba que desde pequeños reciben educación artística paralela a la escolar, con formación en danza, percusión y canto. La clave, decía, está en “despertar su talento innato”, porque los chicos son “artistas por naturaleza, muy expresivos y disciplinados”. Para ellos, el escenario se convierte en un espacio de autoconfianza y seguridad. “Es increíble percibir cómo lo transmiten”, añadía. En Uganda, el trabajo de la ONG se desarrolla con personal local, integrado y respetuoso con su propia cultura.

Paz insistía en que MPSV no pretende cambiar costumbres africanas, sino comprenderlas y valorarlas: “En muchos sentidos, nos superan”, comentaba. El orfanato funciona como una gran familia, con responsables locales y una dinámica ancestral: “Los mayores ayudan a los pequeños, esto es muy africano”. Sobre el papel de las personas colaboradoras en Galicia y Asturias, explicaba que organizan espectáculos, una parte esencial de la economía del proyecto. Pero añadía que no se trata solo de recaudar fondos, sino de divulgar realidades de las que a veces se vive muy alejado: “Vivimos dormidos en una comodidad incómoda, de espaldas a muchas realidades poco amables”. Por eso, para ella, colaborar es también un acto de conciencia.

Describía también las actividades que organizan en el entorno: espectáculos de Uganda Sticks y del grupo de góspel Aba Taano, talleres de percusión, charlas con demostraciones, cenas benéficas o recogidas de materiales básicos. Insistía en que ambos espectáculos son “de una calidad excepcional” y que es un privilegio tenerlos tan cerca.

EMOCIONES. Al hablar de las emociones vividas, Paz reconocía que los espectáculos son “muy emocionantes” y que, si una persona es sensible, “lloras seguro”. Recordaba especialmente un concierto en Foz: “La gente salía flotando a un palmo del suelo; no querían marcharse”. Cuando los jóvenes ugandeses viajan a España, todo se transforma.

Paz describía esas visitas como una fiesta: “Es como si se reuniera la familia que hace tiempo que no se ve”. Destacaba su alegría, su actitud colaboradora y la capacidad de traer otra forma de estar en el mundo: “Su presencia nos coloca en otro sitio, más auténtico y verdadero”. Sobre la respuesta del público en Galicia, reconocía que “cuesta mucho mover a la gente”, pero una vez que van, repiten. Lo difícil, explicaba, es que entiendan la importancia de comprar entradas anticipadas para cubrir los gastos de las giras. Pero quien ve el espectáculo por primera vez comprende que “no es arte por arte, es arte y vida”.

Además del arte, la ONG cubre necesidades básicas: educación primaria, secundaria y universitaria, alimentación y salud. Recordaba que en Uganda ni la educación ni la sanidad son públicas. “Ahora mismo, por ejemplo, necesitamos un teclado para clases de piano”, decía.

RETOS. Los principales retos de la ONG siguen siendo económicos. Hay un terreno comprado para construir una casa propia, ya con pozo de agua, y el siguiente paso es la electricidad y la construcción. Otro reto es traer en 2026 un espectáculo conjunto con 17 artistas, que en 2025 no fue posible por falta de fondos. Paz compartía también el impacto personal del voluntariado: “Es dejar de mirar solo tu pequeño mundo”, decía.

Aprendió a confiar, colaborar y sentirse parte de algo más grande. Repetía que se trata de “salir de la individualidad egoísta para entrar en la solidaridad colectiva”. Para quien quiera colaborar, recordaba que hay muchas opciones: hacerse socio, apadrinar, apoyar espectáculos, difundir, ayudar en la logística o en las recogidas de material. Y dejaba una petición sencilla: “Colabora, colabora en algo y disfrútalo”. Sus palabras finales, ya pensando en estas fechas, lo resumen todo: “Una sonrisa y un canto es el mejor regalo”.

⚙ Configurar cookies
0.07099986076355