Moucide, una parroquia que lucha por no quedar en silencio en O Valadouro

Por Ana Somoza.
La Escuela de Moucide, en el corazón de la parroquia del mismo nombre en el Concello de O Valadouro, es mucho más que un edificio. Es el punto de encuentro, el espacio donde se toman decisiones y donde, desde hace casi cuatro décadas, la Asociación de Vecinos de Moucide intenta dar respuesta a las inquietudes de una comunidad pequeña pero perseverante. Hablamos con sus representantes en un momento delicado, marcado por la dimisión en bloque de la junta directiva y por una relación tensa con el gobierno municipal.
La entidad recuerda que su origen está ligado a una demanda muy concreta. “La Asociación de Vecinos de Moucide nació en el año 1986 con el objetivo de reclamar ante Telefónica los teléfonos para la parroquia”, explican. La falta de líneas telefónicas era entonces un problema real en un rural que quedaba aislado tecnológicamente. “Sin teléfono estábamos prácticamente incomunicados”, apuntan, describiendo una época en la que cualquier urgencia obligaba a desplazamientos incómodos y lentos.
INICIOS. La consecución de aquella primera reivindicación dio paso a una etapa de intensa actividad. “Después de conseguir el teléfono para la parroquia la asociación cogió mucho auge”, recuerdan. No tardaron en surgir nuevas preocupaciones. “Unos años más tarde el ganado del monte invadía las huertas y prados de la parroquia de Moucide”, señalan. Aquella situación generó malestar entre los propietarios y obligó a la asociación a implicarse para buscar soluciones. La entidad se consolidó como interlocutora ante las administraciones y como voz colectiva del vecindario.
Con el paso del tiempo, la asociación se mantuvo activa, aunque la realidad demográfica fue cambiando. “Hoy en día hay unos 70 socios”, detallan. El perfil es equilibrado en cuanto a género. “Menos niños, hay más o menos el mismo número de hombres que de mujeres, pues en casi todas las casas que se hacen socios se hacen el hombre y la mujer”, explican. Esa doble afiliación por hogar muestra, a su juicio, un compromiso familiar con la vida comunitaria.

SOCIOS. La sede social se sitúa en la Escuela de Moucide, un espacio que la asociación fue mejorando a lo largo de los años. “La Asociación de Vecinos tiene su sede social en la Escuela de Moucide, en la cual posee unos terrenos donde están asentados: un campo de fútbol, un aparcamiento, un área recreativa y un parque infantil”, enumeran. El mantenimiento de estas instalaciones depende en buena medida del trabajo voluntario. Por eso, reconocen con cierta decepción que “la participación a la hora de ayudar es básicamente nula”.
“Solo unos pocos vecinos colaboran junto con una pequeña parte de la junta directiva”, lamentan. Aun así, siguen haciendo llamamientos a la implicación. “El vecindario podría implicarse ayudando, por ejemplo, cuando hacemos cualquier tipo de trabajo en los terrenos”, insisten. Consideran que sin esa colaboración es difícil mantener en buenas condiciones unas infraestructuras que son de uso común.
ORGANIZACIÓN. A nivel interno, la asociación atraviesa una etapa de transición. “Después de la decisión unánime de dimitir la junta directiva al completo, a día de hoy aún no se ha formado una nueva junta directiva”, reconocen. La situación no es cómoda, pero confían en que sea temporal. “Esperamos que no se tarde mucho más en hacerse”, afirman, apelando a la responsabilidad colectiva para garantizar la continuidad del proyecto.
A pesar de las dificultades, la actividad no se ha detenido por completo. Cada año organizan encuentros gastronómicos con el objetivo de fortalecer los lazos vecinales. “Hacemos unas comidas para que la gente de la parroquia pueda interactuar unos con otros, porque aunque la parroquia es pequeña, algunos vecinos no se ven en meses”, explican. Su intención es combatir el aislamiento y fomentar la convivencia.
ACTIVIDAD. Sin embargo, la respuesta no siempre es la esperada. “La pena es que, aunque estas comidas son gratis para los socios, últimamente son muy pocos los que asisten”, admiten. Esa baja participación es interpretada como un síntoma de un problema más amplio: la dificultad para mantener viva la vida asociativa en un rural envejecido y disperso.
Más allá del ámbito social, la asociación ejerce una función reivindicativa. “La principal función de la asociación es intentar resolver los problemas que surgen en la parroquia, así como tramitar ante los organismos públicos toda clase de subvenciones”, explican. Actúan como puente entre el vecindario y las administraciones, canalizando demandas y solicitudes.
REIVINDICACIONES. Uno de los asuntos que más tensión ha generado en los últimos tiempos es el reparto de las subvenciones municipales. “Una de las reivindicaciones prioritarias es que el Concello de O Valadouro no tiene la misma vara de medir para todos por igual”, denuncian. Según afirman, “a la hora de designar las subvenciones, ni siquiera se hicieron bases ni se notificó a todos los posibles interesados”. Añaden que “solo dos asociaciones recibieron subvención”, lo que consideran injusto.
La relación con el Concello se ha deteriorado. “Últimamente la relación con el ayuntamiento no es muy buena”, reconocen. A su entender, “ni al ayuntamiento ni a ciertas personas les gusta que la junta directiva revuelva en casos por los que ya se lleva muchos años luchando”. Esa percepción de incomodidad política no les ha hecho dar un paso atrás.

CONFLICTO. Un ejemplo paradigmático es el del permiso para modificar un camino. “La verdad es peor que antes”, aseguran. Recuerdan que “si no hay parque, no se necesita cambiar el camino”. Según relatan, a finales de noviembre funcionarios municipales retiraron la cama elástica del parque infantil, una de sus reclamaciones por el mal estado en el que se encontraba. “A día de hoy aún no han vuelto a colocarla”, subrayan.
Las consecuencias son visibles. “Desde que retiraron la cama elástica, ya no se ven niños en el parque infantil”, afirman. Con ironía, añaden: “A lo mejor cuando sean las próximas elecciones aparece la cama elástica”. La demora en el permiso para modificar el camino continúa, y eso alimenta la sensación de abandono.
La asociación entiende que el problema va más allá de un caso concreto. “Es algo más que un problema”, sostienen. Ponen como ejemplo la fuente pública creada por el Concello en 1957. “Es una de las dos únicas fuentes del ayuntamiento que es apta para el consumo humano”, explican. Sin embargo, denuncian que “es casi imposible coger agua en ella, sobre todo para una persona mayor”.
MENSAJE. Ante esta situación, su petición es clara. “Al ayuntamiento le pedimos que no haga distinción de colores políticos y que gobierne para todos”, reclaman. Insisten en que “en cada parroquia hay personas que necesitan que se escuchen sus demandas”. También lamentan la falta de información sobre actividades municipales. “A las parroquias no se les informa de las actividades que el ayuntamiento tiene, tanto para personas mayores como para el resto de la población”, denuncian.
Aseguran que la asociación facilitó datos de contacto y correo electrónico, pero “tampoco hace caso del deterioro de las carreteras que dan acceso a las viviendas vecinales”. Con todo, no pierden la esperanza. Confían en que se abra una nueva etapa de diálogo y que la parroquia de Moucide sea tratada “como cualquier otra parroquia de O Valadouro”.
La historia de la Asociación de Vecinos de Moucide es la historia de un rural que lucha por no quedarse atrás. Desde aquella reivindicación inicial por el teléfono hasta las actuales demandas sobre parques, fuentes o subvenciones, la entidad mantiene viva la idea de que la unión hace la fuerza. La incógnita ahora es quién asumirá el relevo en una directiva que necesita nuevas manos y nuevas energías para seguir defendiendo los intereses de una parroquia que no quiere resignarse al silencio.