Explíquenos un poco cómo se inició en la política.
Mi entrada en la política fue, sinceramente, algo totalmente inesperado. Nunca pensé que acabaría dedicándome a esto ni mucho menos llegar hasta donde he llegado. No tenía contacto previo con la política ni una especial inclinación por este mundo. Todo surgió de manera bastante casual, a partir de un grupo de amigos que me fueron animando a formar parte de una candidatura porque compartíamos la sensación de que las cosas en el ayuntamiento no se estaban haciendo todo lo bien que deberían. Para hacerse una idea, cuando empecé casi no sabía ni lo que era un pleno municipal ni una junta de gobierno.
¿Cómo dio el salto definitivo o recibió el impulso para ser alcalde?
Fue una evolución natural. Cuando te involucras en un proyecto colectivo ese paso acaba llegando. No fue algo buscado de manera ambiciosa, sino una consecuencia del compromiso adquirido con el equipo y con la vecindad.
A nivel personal, ¿qué sacrificios supone formar parte del Gobierno del Ayuntamiento?
No lo considero un sacrificio en el sentido estricto de la palabra, porque nadie nos obliga a estar aquí. Estamos de forma voluntaria. Si realmente supusiera un esfuerzo insoportable, simplemente no seríamos alcaldes. Eso sí, a nivel familiar hay una pérdida evidente: te quita tiempo libre, actos familiares, momentos de descanso. Eso es indiscutible y se nota, como en cualquier otro trabajo con mucha responsabilidad. También hay momentos en los que el trabajo puede resultar frustrante, en el sentido de que empiezas un proyecto hoy y no ves resultados hasta dentro de varios años. La política municipal es muchas veces de fondo, de paciencia y constancia.
¿Y qué beneficios le aporta?
En primer lugar, un salario más o menos digno, que también es importante. Pero, sobre todo, el beneficio personal y emocional. Sentirse bien cuando sacas algo adelante, cuando ves que una iniciativa mejora la vida de la gente, compensa muchas cosas. Trabajar cara al público no es fácil; a veces merece la pena y otras no tanto, porque la crítica es constante.
Además, la gente tiene una memoria muy corta. Muchas veces se olvidan rápidamente los esfuerzos realizados. Pero el objetivo siempre es el mismo: mejorar la calidad de vida de todos los vecinos.
¿Quizá es más fácil gobernar en un municipio pequeño?
Todo lo contrario. En un ayuntamiento pequeño estás mucho más expuesto. La gente te conoce y te llama directamente por cualquier problema: cae un árbol, hay una avería en el agua, se desprenden unas piedras… No hay filtros ni distancias. Eso hace que el trabajo sea muy directo, pero también muy exigente.
¿Cuáles son sus objetivos a nivel político?
No aspiro a más. Ya fui presidente de la Diputación, y fue una etapa dura. Tal y como está la política actualmente, no tengo interés en volver a ese nivel. Prefiero centrarme en mi ayuntamiento, en el trabajo diario y cercano.
¿Y como Gobierno, de cara a la próxima legislatura?
Con ilusión, como si fuese la primera. Hay que trabajar por los vecinos, con sentido común y sensatez. Esa es la clave para mantener la confianza de la gente.
¿Está a favor de los pactos para conformar gobiernos estables?
Sin duda. Alguien tiene que gobernar y tomar decisiones, y eso requiere voluntad de negociación. Ya lo viví cuando fui presidente de la Diputación, donde durante cuatro años se aprobaron los presupuestos gracias a pactos. La ciudadanía pide acuerdos, porque ya no existen mayorías absolutas en la mayoría de los sitios.
¿Cuáles son las principales líneas de su programa?
Continuar con los proyectos ya iniciados y apostar por dos grandes pilares: la residencia de mayores, fundamental para el ayuntamiento, y la Ferrería de Bogo, un proyecto que me hace especial ilusión a nivel personal.
¿Cuáles son las principales necesidades del ayuntamiento?
Las comunicaciones, para garantizar el acceso a todas las parroquias y lugares. También ampliar la guardería, para lo que estamos transformando la antigua vivienda del conserje del colegio. Seguir apostando por el turismo y, sobre todo, atender a las personas mayores del rural, ayudándolas con servicios básicos como el abastecimiento de agua.
¿Qué le gustaría que vieran los vecinos en usted como alcalde?
Que soy una persona de confianza, cercana, que intenta mejorarles la vida en las pequeñas cosas que están a su alcance.
¿Y la relación con la oposición?
Muy buena. Hay diálogo y respeto. De hecho, en el 90 % de los asuntos llegamos a acuerdos por mayoría, lo que demuestra que cuando hay voluntad, se puede trabajar por el bien común.