Irene Rega: “Me gusta ponerme a prueba en nuevos géneros, aunque no siempre salga bien”

AMariñaXa
La autora cervense reflexiona sobre los retos de la literatura juvenil y la importancia de ofrecer contenidos atractivos en gallego
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27 Mar 2026

La escritora Irene Rega Jul, nacida en San Cibrao, continúa consolidando su trayectoria en la narrativa gallega tras ser reconocida como finalista del II Premio Xosé Neira Vilas de Literatura Juvenil con su obra Todo lo que hicimos aquella noche. Con una voz propia que combina intriga, intensidad y reflexión social, la autora profundiza en esta entrevista en las claves de una novela que se sumerge en las consecuencias de una decisión tomada en la adolescencia. Rega Jul reflexiona también sobre el proceso creativo, la construcción de los personajes y el papel de la literatura juvenil, al tiempo que reivindica la importancia de contar historias desde el contexto más cercano y en lengua gallega.

¿Qué supuso para ti ser finalista del II Premio Xosé Neira Vilas de Literatura Juvenil?

Por un lado supone una satisfacción personal y un reconocimiento y puesta en valor de un trabajo que muchas veces desde fuera no se ve pero que lleva mucho tiempo. También lo veo como una oportunidad y una forma de indicarme que estoy yendo por buen camino.

Yo desde luego lo tomo como una forma de aprender, de animarme a seguir creciendo y asumir retos y abrir puertas en esta carrera como escritora.

¿Cómo nació la idea de Todo lo que hicimos aquella noche?

Del día a día. Todo partió de la idea de un grupo de chicos que hicieron algo en una noche loca en la época adolescente, sin pensar en las consecuencias y alentados por el grupo, y luego las consecuencias en el presente. Lo que más tiempo me llevó fue decidir finalmente el qué, pero como dije, pensando en el día a día y en las noticias no tardé en tenerlo claro.

El jurado destaca la estructura caleidoscópica de la obra. ¿Cómo trabajaste esa forma de narrar?

Suelo pensar mucho en las circunstancias que llevan a una persona a hacer mal, y siempre pensé que la pertenencia a un grupo era algo terrible en ese aspecto, cómo cambian las personas que en principio son “buenas”, por llamarlo de algún modo. Lo que hice fue, con un grupo de cuatro protagonistas muy diferentes y con estructuras familiares y sociales muy distintas, hacer que se unieran una noche, y cómo lo procesa cada uno.

Creo que se trata de un ejercicio potente y difícil de empatía, de ponerse en la piel de otra persona. Los cuatro chicos: Bea, Paulo, Andrea y Martín no pueden ser más distintos, y los cuatro toman lo sucedido de forma muy diferente y al mismo tiempo muy semejante. En cada punto de la novela, tras trazar la línea que quería seguir, lo que hice fue pensar cómo cada uno, y cómo supondría que actuaría una persona con ese pasado y esa mentalidad. Otra voz narrativa es la inspectora que lleva el caso, que en partes se ve como una voz más objetiva, pero que tampoco tarda en tomar partido de lo que va pasando.

¿Qué retos encontraste a la hora de construir un thriller dirigido al público juvenil?

Me parece mucho más difícil escribir para jóvenes que para adultos, pero como ya dije, a mí me gustan los retos, y me gusta probarme, luego si sale bien o mal es otra cosa… Me gusta cambiar de géneros, probar con registros nuevos y con otras formas de contar con las que no estoy cómoda. La mayoría sirven como ejercicios de escritura más que como algo creativo, pero de vez en cuando saco cosas que me satisfacen lo suficiente como para probar suerte.

La novela gira en torno a una muerte inesperada. ¿Qué papel juega el misterio en tu escritura?

Mis otras dos novelas en gallego publicadas, también por la editorial Galaxia, son de género negro, de investigación alrededor de crímenes, que para leer es uno de mis géneros preferidos. Esta empieza con el regreso de Bea, Paulo y Andrea por la muerte de Martín, cómo les dieron la noticia, su vida hasta ese momento, cómo era él, y poco a poco qué pasó aquella noche. Creo que el misterio es una buena forma de acercarse a la literatura; a mí de joven me encantaba leer novelas de aventuras y misterios, recuerdo con especial cariño las de Los cinco.

¿Cómo definirías a los personajes de la obra? ¿Hay alguno con el que te sientas especialmente identificada?

Son todos completamente diferentes, desde la familia de cada uno, al nivel social y económico y a todo lo que aspiran en la vida. Por un lado creo que me identifico con Martín, que lo considero como el más empático, el que no puede seguir con el peso de lo que hicieron, a pesar de haber participado, y el run run que siempre tiene en la cabeza, al que yo le doy mil vueltas a todo. Bea también tiene lo suyo, es más práctica y piensa más en todo, intenta buscar soluciones a todo, piensa rápido y es más pragmática. Simpatizo mucho con la inspectora, que intenta saber el porqué de todo, piensa durante mucho tiempo los motivos que pueden llevar a una persona a actuar así, que al fin y al cabo fue como empecé a pensar esta novela. Pero aún con Paulo y Andrea, los que considero más distintos a mí misma, me podía identificar en la forma en que protegen a los suyos y piensan frío en momentos de tensión, quizá.

Creo que cuando estás escribiendo esforzándote por empatizar y por simpatizar con todo el mundo, acabas encontrando puntos de unión incluso con los personajes que menos pensarías.

¿Hasta qué punto está presente tu experiencia personal en la historia?

Considero que no es tanto la experiencia personal como la sociedad y vivir en ella con los ojos abiertos. No hablo de experiencias mías ni de nada que haya vivido, pero sí de lo que veo como persona que está en el mundo, cómo se actúa en manada, el poder del grupo sobre los más vulnerables, sobre todo poniendo en valor o en el foco lo que me preocupa.

En tus obras suelen aparecer elementos de reivindicación feminista. ¿Cómo se integran en este relato?

Pensé mucho en qué quería plasmar en esta novela, y no considero que en esta en concreto tenga en el foco lo que es la reivindicación feminista en sí (salvo que siempre intento crear personajes feministas fuertes, no incluir estereotipos o elementos misóginos), en esta más bien tiro por lo social, de los problemas que nos unen como sociedad y de otras muchas fobias que nos matan como humanos.

Aún así considero que una forma de ser feminista también es escribir siempre personajes fuertes y diversos, que se alejen de lo hegemónico, que no corresponda siempre al mismo perfil —necesariamente blanco—, que amplíen las miradas.

“Cuando escribes acabas encontrando puntos en común con todos los personajes”

¿Crees que la literatura juvenil gallega está viviendo un buen momento?

Tristemente, lo que es el gallego en general en la juventud no está viviendo un buen momento, pero creo que con contenido interesante en la cultura (música, audiovisual, literatura, arte… incluso influencers y redes sociales) conseguimos que cada vez más jóvenes opten por consumir contenidos en nuestra lengua. Si les ofrecemos cosas interesantes, variadas, que tengan opciones de muchos géneros, creo que es una forma de atraer neófalantes y a los que cambian al castellano por presión social.

En esto también tiene mucho que decir el ganador del certamen, Álvaro Domínguez, cuya obra trae lo que es dark academy, que no hay más que best sellers en otros idiomas y yo, al menos, no he visto nada similar en nuestra lengua. O el ganador del año pasado, Gabriel Romero de Ávila, que con Odio trajo una novela encuadrada como thriller futurista distópico. Me parece interesante traer propuestas para jóvenes de fantasía, ciencia ficción, románticas, distópicas… que puedan tener dónde escoger.

Desde luego soy positiva con el futuro de nuestra lengua, creo que hay jóvenes dispuestos a seguir apostando por usar el gallego, y que con buenas propuestas podemos atraer a más.

¿Qué referentes literarios influyeron en tu trayectoria?

Las personas que más influyeron en mi vida en el ámbito literario fueron mi familia directa, sobre todo mis abuelos, que nos contaban historias cuando éramos niños y nos enseñaron con el ejemplo, que es lo más importante. En mi casa no hay más que libros por todas partes, ellos leían y nos leían, mi madre también es ávida lectora, y esa es la clave para formar lectores.

En cuanto a otros escritores y obras, crecí con Los cinco, recuerdo que me los leían cuando yo aún no sabía leer y luego recuerdo empezar a leerlos yo misma. Eran ejemplares viejos, de mis tías y mi madre, a los que se les caían las hojas por el uso y olían genial, luego me compraron más; son los que más me recuerdan a mi infancia. Luego, en el instituto, me impactó mucho la escritura de Domingo Villar, con Ojos de agua, creo que fue la primera vez que pensé que yo quería hacer lo mismo, y de la época del instituto también estaba La cabeza de la medusa, de Marilar Aleixandre. Siempre tengo en mi biblioteca las novelas de Antía Yáñez, de Arantza Portabales, Pedro Feijoo, Ledicia Costas… En castellano me gusta especialmente Lorenzo Silva, y últimamente me he aficionado a Joël Dicker.

¿Influye de algún modo tu origen en San Cibrao en las historias que creas?

Sí, desde luego. Recuerdo leer cuando era pequeña o adolescente y no ver historias de nuestra zona, todo lo que leía estaba ambientado en la provincia de Pontevedra o en Santiago, y yo quería encontrarme con lugares conocidos. Por esa razón ambienté Malferida en Viveiro y Tecendo Redes en Lugo. Esta, aunque no pongo ambientaciones con nombre ni hablo de la villa, en mi cabeza también es Viveiro.

¿Hay elementos de la vida en San Cibrao que se cuelan, directa o indirectamente, en tu obra?

Pues no sé, quizás siempre tiendo a introducir dichos o metáforas marineras, me gusta poner a los personajes a pasear cerca de elementos naturales; a mí me encanta ir a pasear a la ribera, por ejemplo, o por el monte. Me encanta pasear y oler la hierba mojada o la brisa salada, y mientras paseo pienso muchas veces en lo que escribo, y alguna vez les pongo a los personajes esa misma manía.

Después de premios como el Illa Nova o el Vilar Ponte, ¿cómo vives este nuevo reconocimiento?

Un premio es siempre una forma de partir muy bien, un reconocimiento que pone al libro en la palestra mucho antes de que salga y que crea una expectativa. Para mí, ser la ganadora de esos dos premios y ser ahora finalista del Neira Vilas es un honor tremendo y espero estar a la altura.

Mi mayor ilusión es verla publicada, y presentarla a certámenes es siempre una forma de saber si es buena sin exponerte a tener que enviarla directamente. Pensar en eso, personalmente, me cuesta. Tener la oportunidad de enviarla de forma anónima ayuda a dar ese paso.

Desde luego que estoy muy agradecida a todos los jurados que confiaron en mí para los galardones, y a la editorial por poner todo el empeño y cuidado en las novelas que les confío, y por todo el capital humano que trabaja en cada obra; en estos libros la cara visible soy yo, pero hay mucha gente trabajando detrás para que todo salga bien.

¿En qué crees que ha evolucionado tu escritura desde A malferida y Tecendo Redes?

En que me atrevo a probar cosas nuevas, en otros géneros, otro público. Creo que también en la construcción de personajes y en la forma de narrar, o eso espero, ja ja. Si no se cambia y se evoluciona, mal.

¿Qué te interesa explorar en tus próximas obras?

Yo pruebo mucho, aunque la mayoría no pase de dos páginas; me gustaría mucho intentar elementos cómicos, algo dirigido a los niños, y también romántico, ¿por qué no?

¿Qué le dirías a la gente joven que quiere empezar a escribir en gallego?

Que lo intente sin miedo, que si no sale bien a la primera será a la segunda, o a la decimoquinta, eso no importa. Y, sobre todo, que lea mucho, todo lo que pueda; que abra los ojos al mundo, que esté atenta a lo que pasa, a lo que se dice, a cómo se habla, a lo que se siente…

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