Color, memoria y naturaleza: el sello artístico de Diego As en la Festa da Troita de A Pontenova

Por Ana Somoza.
La Festa da Troita da Pontenova 2026 contará con un pregonero muy especial: el artista urbano Diego As, uno de los muralistas gallegos con mayor proyección nacional e internacional, vinculado de manera directa a la imagen más reconocible de esta celebración. Su nombre se suma así al de una fiesta que combina gastronomía, cultura y orgullo local, reforzando su carácter singular.
Además de pintar murales, también has trabajado en la escultura de la trucha de A Pontenova. ¿Qué te pareció el encargo?
Sí. Fue un encargo curioso, porque es la primera escultura que pinto, además con una estética muy realista. No se trataba solo de añadir colores; en esta ocasión tenía que respetar las proporciones y los tonos de una trucha real, lo que supone un reto completamente distinto al de los murales o el graffiti en los que normalmente trabajo. Tardé unos cuatro días en completarla, trabajando con mucha paciencia y cuidando los detalles para que el efecto fuera lo más natural posible.
¿Te gustó hacerlo?
Sí, sobre todo porque la elaboraron los alumnos del taller del IES Enrique Muruais. Fue una experiencia diferente, porque ver cómo los jóvenes se implicaban en el proyecto hizo que tuviera un valor añadido. Además, se trata de una escultura de casi nueve metros de largo, realizada a escala de una trucha real, lo que transmite una sensación de grandeza que no estaba presente en mis trabajos habituales. Fue fascinante ver cómo la combinación del trabajo colectivo de los estudiantes y mi pintura podía crear algo tan vistoso y representativo para el municipio.

¿Cómo surgió esta colaboración?
Me llamó directamente el alcalde y me preguntó si quería hacerlo, comentándome que estaban construyendo lo que iba a ser la escultura de trucha más grande del mundo. Me resultó tan curioso que dije que sí. Además, este tipo de encargos son un reto, y eso es algo que me motiva mucho. No se trata solo de pintar; hay que pensar en la composición, en los tonos y en la interacción con la gente que va a contemplar la obra y, en este caso, también en la historia y la tradición de la zona.
¿Cómo fue el trabajo?
Recuerdo que hacía muchísimo viento y tuvieron que colocarme unos biombos para cortarlo. Trabajar en ese contexto me enseñó muchas cosas sobre adaptación y concentración. No era simplemente pintar; había que hacerlo con el viento, con el tamaño de la escultura y con el público que se acercaba a observar, lo que añadía una presión extra. Pero cuando terminé, la gente quedó muy contenta, y eso siempre es la mejor recompensa. Ver la ilusión de los vecinos me hizo sentir que realmente estábamos haciendo algo especial.
¿Y cómo te comunicaron lo de ser pregonero y qué sentiste?
Me llamaron desde el CIT y me preguntaron si quería dar el pregón y, además, recibir una medalla. Al principio dije que no, porque no estoy acostumbrado a hablar en público de esta manera; siempre me expreso a través del arte, no con palabras. Pero al cabo de un mes volvieron a llamar y finalmente acepté. Es la primera vez que voy a dar un pregón, así que tendré que esforzarme al máximo para que salga bien. Aunque sentí cierto nerviosismo, también me animó la idea de transmitir algo personal a la gente de mi tierra.
¿Tienes idea de lo que vas a decir?
Aún no lo tengo completamente claro. Intentaré ser lo más natural posible, hablar un poco de mi trabajo y conectar el tema con el hecho de que de pequeño también fui pescador con mi padre, y que hoy en día la juventud ya no tiene este tipo de aficiones o tradiciones. Les cuesta animarse, pero deberían hacerlo, ya sea con esta u otras actividades que les permitan conectar con la naturaleza. Quiero transmitir la importancia de mantener ciertas tradiciones vivas, pero sin sermones; simplemente contar mi experiencia y dejar que cada uno saque su propia reflexión.
Entonces, ¿hay ese hilo conductor de pescador?
Sí. Obviamente no al nivel de la fiesta de la trucha, pero recuerdo perfectamente aquellos días con mi padre, disfrutando del río y de la naturaleza, pescando y aprendiendo sobre paciencia y observación. Quizá eso fue lo que me animó a aceptar dar el pregón. Es curioso cómo ciertos recuerdos de la infancia pueden marcar nuestras decisiones en la vida adulta, incluso cuando se trata de algo tan distinto como pintar una escultura o hablar delante de un público.
¿Tienes que aprovechar para hacer algún mural allí, no?
Sí, algo habrá que proponer, porque allí no hay ninguno. De hecho, quieren hacer un mural relacionado con el tren, el carbón y el pasado minero, y ya me enseñaron alguna foto antigua. La idea todavía se está gestionando, pero sería interesante porque me permitiría combinar historia, memoria colectiva y arte urbano en un mismo proyecto. Este tipo de murales tiene mucho valor social, porque permite que la gente vea reflejada su propia historia e identidad en las paredes de su localidad.
¿Y en A Mariña, tienes algún proyecto?
En Ribadeo me propusieron desde el ayuntamiento pintar un mural sobre la primera mujer licenciada en farmacia, Manuela Barreiro. Es un proyecto muy significativo, porque se trata de poner en valor la historia de personas que abrieron camino en una época en la que las oportunidades para las mujeres eran mucho más limitadas. Y en Foz tengo previsto hacer uno sobre el Carnaval. Estoy deseando poder comenzarlo, porque es una tradición que también tiene mucha fuerza visual y narrativa y que encaja perfectamente con mi estilo colorido y expresivo.