Club Ciclista Burela, más de 25 años pedaleando en compañía

Por Ana Somoza.
El Club Ciclista Burela es una de esas entidades que se han ido haciendo a sí mismas con el paso del tiempo, sin grandes titulares ni pretensiones deportivas, pero con una profunda huella en la villa y en las personas que la conforman. Su historia arranca hace más de veinticinco años, cuando un grupo de amigos decidió dar un paso más en su afición compartida por la bicicleta. Según recuerda el actual presidente, Jairo, “en aquel momento el ciclismo era mucho más que un deporte; era una forma de estar juntos, de hablar, de conocer los caminos y de aprovechar el tiempo libre”. De esa necesidad de organizar salidas colectivas y de mantener vivo ese vínculo surgió la idea de crear un club que sirviese como punto de encuentro estable, una idea que, como él mismo destaca, “no habría sobrevivido sin el compromiso de las personas que asumieron responsabilidades desde el primer día”.
La fundación del Club Ciclista Burela responde, por tanto, a una motivación muy concreta y muy sencilla: compartir. “No nacimos pensando en competir ni en crear una estructura compleja”, explica Jairo, que insiste en que el espíritu inicial fue siempre el de “juntarse para salir en bici y pasarlo bien”. En esa primera etapa jugó un papel fundamental Manolo Yáñez, primer presidente del club, que asumió la tarea de poner orden, coordinar a las personas socias y dotar a la entidad de una mínima organización. “Manolo hizo un trabajo enorme cuando todo dependía de la voluntad de cada cual”, recuerda Jairo, subrayando que sin ese esfuerzo inicial sería imposible entender el recorrido posterior del club.
Con el paso de los años, la entidad fue cambiando, adaptándose a las distintas etapas vitales de las personas que la integraron, pero sin perder nunca ese hilo conductor basado en la amistad y el compañerismo. Tras la etapa fundacional, Juan Martínez tomó el relevo en la presidencia y dio continuidad al proyecto, consolidando el funcionamiento interno y manteniendo vivo el espíritu con el que había nacido el club. “Juan supo darle estabilidad al Club Ciclista Burela y hacer que funcionase con normalidad durante mucho tiempo”, señala el actual presidente. “Hubo gente que entró, gente que salió, épocas más activas y otras más tranquilas, pero el club sigue ahí”, resume, reivindicando la labor silenciosa de quienes estuvieron al frente antes que él para que la entidad llegase viva hasta la actualidad.
SOCIOS. En la actualidad, el Club Ciclista Burela cuenta con alrededor de cuarenta socios, una cifra que el presidente define como “estable y asumible”. Se trata de un grupo heterogéneo, en el que conviven personas que llevan décadas vinculadas al club con otras que se han ido incorporando en los últimos años. Jairo ejerce la presidencia, un cargo que él mismo relativiza al asegurar que “no se trata de mandar, sino de coordinar y echar una mano para que las cosas funcionen”. Según explica, el día a día del club se basa en la colaboración: “Aquí todo se hace entre todos, cada cual aporta lo que puede y cuando puede”.
Uno de los aspectos que más llama la atención del Club Ciclista Burela es la amplitud de edades de las personas que lo integran. No existe una edad media definida ni categorías establecidas. “Tenemos gente alrededor de los treinta años y también socios que ya superan los setenta y siguen cogiendo la bici con regularidad”, comenta Jairo. Esta diversidad generacional se traduce en un grupo plural, con distintos ritmos y experiencias, pero unido por una misma pasión. “No hay competición ni exigencias; cada cual participa a su nivel y según sus posibilidades”, añade, dejando claro que la ausencia de categorías responde a la propia filosofía del club.

FILOSOFÍA. Esa filosofía es, precisamente, una de las señas de identidad más claras de la entidad. El Club Ciclista Burela entiende el ciclismo como una actividad de ocio, salud y relación social. “Nuestra misión es disfrutar de la bicicleta sin presiones”, afirma el presidente, que subraya que lo importante es “el camino y no la meta”. Para el club, la bicicleta se convierte en una excusa perfecta para compartir tiempo, conversar y conocer tanto el entorno natural como a las propias personas que pedalean al lado. “Lo que buscamos es pasar momentos agradables alrededor de la bici”, resume.
CONVIVENCIA. A lo largo del año, el club organiza diferentes actividades que se adaptan a las estaciones y a las preferencias del grupo. Una de las citas habituales tiene lugar a comienzos de año, cuando se celebra una quedada de bicicleta de montaña por los montes próximos a Burela. “Aprovechamos el entorno que tenemos aquí, que es un privilegio”, señala Jairo. Además, también se programan rutas en bicicleta de carretera, para las que el grupo se desplaza en coche durante un par de horas. “Nos gusta cambiar de escenario, conocer otros sitios y salir de la rutina”, explica.
Junto a estas actividades puntuales, el eje central de la vida del club son las salidas regulares de los fines de semana. Los sábados y domingos, los socios se reúnen para pedalear por los alrededores de Burela y por otras villas próximas. “Son salidas más sencillas, más cercanas, pero son las que mantienen vivo el club”, apunta el presidente. En ellas, la conversación y la convivencia tienen tanto peso como el propio ejercicio físico.
El Club Ciclista Burela no participa en competiciones oficiales ni tiene una orientación deportiva de alto rendimiento. Es una decisión consciente y compartida por la mayoría de las personas socias. “No es lo que buscamos ni lo que nos identifica”, afirma Jairo, que insiste en que “la experiencia compartida está por encima de cualquier resultado”. Esta apuesta por el ocio hace que el club resulte accesible para perfiles muy diversos y que no exista presión alguna a la hora de participar.
La relación con la vecindad y con el tejido social de Burela es otro de los pilares de la entidad. El club lleva el nombre de la villa y está formado, en su mayoría, por gente del pueblo “de toda la vida”. Eso facilita una integración natural y una percepción positiva por parte de la vecindad. “Creo que tenemos buena reputación”, comenta Jairo, que atribuye esa imagen a valores como “el respeto por el entorno, el compañerismo y la práctica saludable del deporte”. Con el paso del tiempo, la presencia del grupo por las carreteras y caminos de la zona se ha convertido en una estampa habitual.
RETOS. Como cualquier asociación con una larga trayectoria, el Club Ciclista Burela también ha tenido que afrontar dificultades. “Hay etapas de más actividad y otras de menos”, reconoce el presidente, que recuerda que la implicación de las personas socias depende mucho de las circunstancias vitales de cada momento. En la actualidad, el principal reto es la falta de relevo generacional. “Nos cuesta mucho que entre gente joven que se implique en la organización”, lamenta Jairo, que también apunta a la “gran oferta lúdica existente” como un factor que dificulta mantener un alto nivel de participación.

PROYECTOS. De cara al futuro inmediato, el club quiere seguir apostando por actividades accesibles e inclusivas. “La idea es que cualquier persona, independientemente de su nivel físico, pueda participar”, explica el presidente. Además, también se baraja diversificar la oferta más allá del ciclismo estricto. Entre las propuestas están las caminatas nocturnas o los encuentros gastronómicos. “Se trata de reforzar la convivencia y de atraer a gente que, aunque no practique ciclismo habitualmente, pueda sentirse cómoda con el grupo”, señala.
En el plano económico, el funcionamiento del Club Ciclista Burela es sencillo y austero. El apoyo institucional existe, pero es puntual. “A veces contamos con alguna colaboración concreta”, explica Jairo, aunque deja claro que el principal sustento del club son las cuotas de las personas socias. Estas ascienden a 30 euros al año, una cantidad que permite cubrir los gastos básicos y mantener la actividad. “Gracias a eso tenemos autonomía y no dependemos de nadie”, destaca.
El club no ofrece programas de formación específicos ni iniciativas orientadas al aprendizaje técnico, especialmente para la gente más joven. Esta ausencia responde a la propia naturaleza de la entidad. “No somos una escuela ni un club deportivo al uso”, aclara el presidente. El conocimiento se transmite de manera informal, a través de la experiencia compartida y de la convivencia. “Se aprende mucho simplemente saliendo juntos”, añade.
Cuando se le pregunta por el mensaje que trasladaría a quien todavía no conoce el Club Ciclista Burela, Jairo no duda: “Si te gusta la bicicleta, la naturaleza y pasar buenos momentos con otras personas, este es tu sitio”. Define el club como un grupo abierto, sin exigencias ni presiones, en el que lo importante es disfrutar. “Es una buena forma de descubrir rutas nuevas y de crear lazos personales”, afirma.
EXPERIENCIAS. A la hora de recordar momentos especiales, el presidente reconoce que es difícil escoger uno solo. “Hubo muchos”, dice. Entre ellos destaca una actividad que durante años marcó el calendario estival del club: el llamado “desafío”. Se trataba de una ruta más exigente de lo habitual, diseñada para pasar todo el día en bicicleta y terminar con una cena colectiva. “Salían anécdotas para dar y tomar”, recuerda Jairo, convencido de que esas experiencias explican mejor que nada el espíritu del club. “Hay aventuras de sobra como para escribir un libro”, concluye, resumiendo más de dos décadas de pedaladas compartidas, amistad y memoria colectiva.