Asociación Cultural Osorio Gutiérrez: cuarenta años haciendo pueblo desde el folclore

La Asociación Cultural Osorio Gutiérrez de Lourenzá nació en el año 1985 en un contexto muy distinto al actual, tanto a nivel social como cultural. Así lo recuerda su presidenta, Elena Cabaleiro, que sitúa el origen de la entidad en una etapa en la que “se pensaba mucho en cómo dinamizar culturalmente el pueblo”. La principal impulsora de la creación fue Marifé Rodríguez Rocha, entonces teniente de alcalde, en un mandato encabezado por José María López Noceda. Según explica Cabaleiro, Marifé tenía claro que Lourenzá necesitaba un espacio cultural activo y vivo, capaz de dinamizar la vida social de la villa.
La idea comenzó a tomar forma cuando Marifé habló con una funcionaria del Concello, Menchu, hija del propio alcalde. A partir de esa conversación, Menchu empezó a contactar con gente de su edad para organizar una asociación cultural que fuese abierta, plural y participativa. Uno de los primeros pasos fue buscar un espacio físico, algo fundamental en aquella época. “Le pidieron el local al cura, que entonces era Don César, y él les cedió un local en el monasterio”, recuerda Cabaleiro. Ese lugar se convirtió rápidamente en un punto de encuentro intergeneracional.
La presidenta destaca que aquel espacio no estaba pensado solo para gente joven. “Era un lugar donde se encontraban todas las generaciones, no solo gente joven sino también personas mayores”. Allí se organizaban torneos de tute, se jugaba al tenis de mesa, se charlaba y se compartía tiempo y convivencia. El local de la asociación acabó siendo un auténtico centro social informal, al que acudía gente no solo de Lourenzá, sino también de otras localidades del valle. La Osorio Gutiérrez nacía así como un proyecto colectivo que hacía pueblo desde la cultura y la convivencia.
TEATRO
Uno de los primeros grandes hitos de la asociación llegó de la mano del teatro. Según explica Elena Cabaleiro, “a muchos componentes de la asociación les gustaba mucho el teatro”, por lo que decidieron crear un grupo propio. Aquella decisión resultó ser un éxito rotundo, ya que las representaciones tuvieron una acogida extraordinaria. La vecindad de Lourenzá siempre mostró una gran afición por el teatro, algo que se mantiene hasta hoy, como demuestra la consolidación del Certamen de Teatro que se celebra en la villa y al que acuden numerosos grupos de diferentes lugares.

El momento culminante de aquella etapa teatral llegó en el año 1991, coincidiendo con la celebración del Día de las Letras Gallegas dedicado a Álvaro Cunqueiro. La asociación decidió representar A noite vai como un río, una obra del propio autor mindoniense. Cabaleiro recuerda aquella experiencia como “un éxito total”. La obra no solo se representó en Lourenzá, sino que recorrió varias villas, siempre con llenos absolutos. “En todos los sitios a los que fuimos había muchísima gente y la acogida fue impresionante”, recuerda.
Ese éxito consolidó a la Osorio Gutiérrez como una referencia cultural en la comarca, demostrando que desde una villa pequeña se podían hacer proyectos ambiciosos y de calidad. La última obra teatral de la asociación fue precisamente esa, en el año 1991, pero dejó una profunda huella en la memoria colectiva y en la identidad de la entidad.
FOLCLORE
A finales de los años ochenta, la asociación dio un paso decisivo hacia el folclore. En 1989 se creó el grupo de baile tradicional, llamando como primera profesora a Pilar, llegada desde Santiago. Poco después nació también el grupo de gaitas, con su primer profesor, Alberto. Así comenzó una etapa que acabaría definiendo la esencia actual de la Osorio Gutiérrez.
La asociación no solo se centró en la enseñanza del baile y de la música, sino también en la recuperación de tradiciones populares que estaban a punto de desaparecer. “Recuperamos el Magosto, que fue uno de los primeros actos que volvimos a hacer”, explica Cabaleiro. También se revitalizó el Maio, incorporando elementos tradicionales como las xestas, el carro adornado o la magdalena. Otro hito fundamental fue la organización del primer Entroido moderno de Lourenzá, un evento que hoy es “muy famoso y muy conocido”, pero que en aquel momento fue impulsado desde la asociación.
Hubo también etapas en las que se organizaron rutas de senderismo, ampliando el abanico de actividades culturales y sociales. Con el paso del tiempo, la entidad fue especializándose, hasta llegar al momento actual, en el que “la asociación se dedica en exclusiva al grupo de baile tradicional y música tradicional”.
La propia presidenta es un ejemplo de la continuidad generacional de la entidad. “Yo empecé como alumna de la escuela de baile, de pandereta y de música. Tenía 12 años cuando comencé”, explica. Esa trayectoria personal es compartida por muchas de las personas que hoy sostienen la asociación, que crecieron dentro de ella y asumieron el compromiso de mantenerla viva.
EVOLUCIÓN
La evolución del folclore desde los años ochenta hasta la actualidad ha sido, según Cabaleiro, “total”. En los inicios, aunque se hacía baile tradicional, el enfoque era diferente. “Antes había menos grupos, pero los que había eran muy importantes, y todo estaba más coreografiado”, recuerda. Con el paso del tiempo se produjo un cambio profundo hacia un mayor respeto por lo tradicional, buscando reproducir fielmente los bailes, la música y la vestimenta recogidos por investigadores y transmisores de la tradición.

La presidenta destaca el trabajo de personas clave en este proceso, como Luís Prego, Xisco Feijó, María Vidal, Pichi Abollado o Pedro Brañas, actual profesor de la asociación. “Gracias a ellos ahora podemos transmitir todo esto e intentamos seguir haciéndolo con las nuevas generaciones”, señala. La investigación en las canciones, en las coplas y en la vestimenta permitió una transmisión más fiel del patrimonio inmaterial gallego.
En su momento de mayor esplendor, alrededor de 1989, la asociación llegó a contar con más de 70 componentes. Con el paso de los años, el número fue disminuyendo, en parte por los cambios sociales y por la aparición de otras alternativas de ocio. “Antes no había otras actividades en el pueblo, pero ahora hay fútbol, patinaje, baile moderno… hay muchísimas cosas”, explica Cabaleiro. Eso hace que el folclore tradicional “suele salir perdiendo” frente a otras opciones, salvo que exista una tradición familiar o un interés especial.
A pesar de ello, la asociación mantiene una base sólida. Actualmente cuenta con un grupo amplio de niños pequeños y otro de medianos, llamado Rechouchíos. Dentro de este grupo destaca la pareja Os Macacos de Lourenzá, que participa en concursos de canto y pandereta con notable éxito, logrando numerosos premios. En las categorías de mayores hay menos gente, pero la esperanza es poder garantizar la continuidad.
RETOS
El año 2012 marcó otro momento clave en la historia de la Osorio Gutiérrez. La asociación estuvo a punto de desaparecer por falta de relevo en la directiva. Fue entonces cuando varias madres, ya con hijos en el grupo, decidieron asumir la responsabilidad. “No queríamos que esto se acabara”, recuerda Cabaleiro. Ese paso permitió salvar la entidad e iniciar una nueva etapa.

La presidenta quiere destacar especialmente el papel del profesorado. “Tenemos dos profesores muy buenos”, afirma. Pedro Brañas, profesor de baile, canto y pandereta, es también director de Cantigas e Agarimos en Santiago, y Pablo Peláez se encarga de la gaita. “No sabemos bien la suerte que tenemos de poder contar con ellos”, reconoce.
La relación con el Concello es buena, según explica, con colaboraciones en forma de cesión de locales y apoyo dentro de las posibilidades municipales. Aun así, admite que “nos gustaría que las administraciones dedicaran un poco más en sus presupuestos”, algo que considera un problema general del asociacionismo cultural.
En el plano emocional, Cabaleiro recuerda momentos muy especiales, como la actuación en Madrid, en la Catedral de la Almudena, invitados por el Centro Gallego, o el debut de la asociación en la fiesta del Conde Santo, en una plaza abarrotada. “Para mí es un recuerdo de lo más emotivo”, confiesa.
El principal reto actual es claro: “Mantenerse viva, poder seguir enseñando y haciendo”. Para ello, la presidenta quiere lanzar un mensaje de agradecimiento a todas las personas que ayudan desde detrás: “Hay muchísima gente que colabora decorando, llevando cosas, recogiendo… sin ellos sería imposible”.
La Osorio Gutiérrez no es, insiste, un grupo cerrado. “Somos un grupo abierto a todo el mundo, acogemos a quien quiera ver cómo es esto y cómo funcionamos. Tenemos las puertas y los brazos abiertos”. Esa filosofía de apertura, junto con la memoria de cuarenta años de historia compartida, es la base sobre la que la asociación quiere seguir construyendo futuro en Lourenzá.